Una semana y van cero

Por: Hamlett

Hace una semana, la espina dorsal de los nicaragüenses fue sacudida por la advertencia de la embajadora de Estados Unidos, Phyllis Powers, de que los waivers (los dos, aunque el gobierno sólo reconozca uno) estaban en grave riesgo.

Ese día ocurrió también un hecho político que perdió brillo a causa del explosivo debut de Powers. El MRS formalizó su ruptura electoral con la alianza PLI, y aunque seguirá siendo parte de la bancada ya no votarán como bloque con los eduardistas. Este tema merece otro comentario porque se trata de analizar el difícil momento que pasa el diputado Eduardo Montealegre a quien la embajada de Estados Unidos le dio un golpazo en el pecho, al radicalizar su posición frente al régimen de Daniel Ortega.

La reacción del gobierno, como hemos adelantado esta semana, fue de asimilar la pechada de Powers, morderse los labios y esperar. El tiempo es ahora la vara de medida de quién se saldrá con la suya. Si la representante estadounidense le saca uno o los dos waivers, si es el de menos “impacto” (¿quién nos puede explicar con precisión si el retiro de uno es más dañino que el otro?) o el que todos temen, el de la propiedad; o si Ortega consigue los dos, o sólo uno, el de la propiedad, por ejemplo. En todo caso, dice el doctor Arturo Cruz, el más benigno para el régimen es de la transparencia fiscal.

Ahora, ¿quién puede saber en qué terminará la advertencia? Tiene razón Cruz Sequeira cuando dice que “la ciudad política” de Washington es muy compleja, sobre todo en campaña electoral cuando se vuelve impredecible y difícil de controlar. Por otro lado, hay comentarios en los círculos políticos de que hará falta fortalecer la embajada de Nicaragua en Estados Unidos porque ahora luce rebasada por esa complejidad.

Pelota en la cancha de Ortega

Si el académico tiene razón, la decisión de Ortega de aguardar en silencio mientras empieza a mover sus piezas podría darle resultado siempre y cuando acompañe sus movimientos con señales de cambio en el plano electoral, el principal punto de irritación en las relaciones bilaterales.

Con la calma que sobrevino a la crisis del Poder Judicial, de hace un poco más de dos años, la Corte Suprema de Justicia salió del foco visible de los críticos de Ortega en Washington (en comparación con el CSE) aunque se mantiene la presión por el tema de los confiscados estadounidenses y la llamada partidización del sistema jurídico.

Sin embargo, hoy más que nunca la bola está en la cancha de Ortega y sus movimientos serán claves para destrabar el nudo gordiano que ha echado Powers en el futuro de las relaciones bilaterales. A simple vista, Ortega quiere mantener buenas relaciones con Estados Unidos que arriesgar una ruptura.

El FSLN no quiere dar nada

El plan sandinista es evitar dar concesiones a sus opositores. No es cierto que ande ofreciendo cargos en el Consejo Supremo Electoral o en la Suprema, en la Contraloría o en la Superintendencia de Bancos, a sus opositores con el objetivo de agradar a Washington. Primero, porque “el dueño del circo” quiere la cabeza de Roberto Rivas en una bandeja de plata; segundo, quieren ver cambios de fondo en el mecanismo electoral (basado en los informes de la OEA y Unión Europea); tercero, quieren potenciar a Eduardo Montealegre para que consiga una o dos sillas en el CSE; cuarto, o quizás lo primero, quieren hacer sentir a Ortega su malestar por las relaciones con Irán, Venezuela y los conflictos evidentes con la comunidad judía en los Estados Unidos.

Las tácticas de Ortega han sido ahora seguir presionando en el lado débil de sus adversarios para ganar todas las 153 alcaldías “al costo que sea”, comenzando por aplastar a la oposición liberal de la misma manera que lo hizo en 2008 y 2011. La impresión general es que si no se obliga al sandinismo a romper su férreo control en las estructuras del CSE, su rechazo a permitir una observación electoral autónoma e influyente, y no se equilibra el juego en todos los sentidos, en noviembre próximo el FSLN pintará de rojinegro el mapa nacional.

El riesgo que se corre la embajadora Powers es seguir en la misma ruta de sus antecesores. Trivelli ayudó a dividir a los liberales facilitando el retorno de Ortega al poder; Callahan vio con impotencia el crecimiento del poder omnímodo de Ortega a base de irregularidades en 2008 y 2011, y ahora Powers verá cómo se completa el plan del Frente Sandinista de ganar las alcaldías con un 80% del voto nacional (¿será posible en términos de la media mayor electoral? ¡No way!

Los viejos tiempos

El tiempo también corre en contra de todos. Ortega podría lograr una victoria importante en noviembre pero pírrica al final si se mide contra lo que podría perder, si no hay transparencia electoral, y no la habrá mientras Roberto Rivas y sus colegas dirijan los comicios.

También va en contra de la estrategia de Powers porque será la primera embajadora, desde los años 80, que rompa con el FSLN retornando la época de la guerra fría, el bloqueo (económico) y las tensiones políticas. ¡Como en los viejos tiempos!

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