Venezuela no ha logrado construirse tres refinerías

Con lo que un nicaragüense paga por un litro de gasolina súper, los venezolanos comprarían más de 33. Así de regalado es ese producto en la nación sudamericana, la que sin embargo, se ha visto obligada a importarlo desde Estados Unidos.

Un reportaje de la BBC señala que Venezuela nada en petróleo. Lo que no sobra es la gasolina, la cual aunque virtualmente se regala en las estaciones de servicio, ha tenido que ser importada del exterior.

La producción venezolana de combustibles se ha visto desbordada por la demanda interna. Menos llega para hacer frente a la “diplomacia petrolera” del presidente Hugo Chávez, que obliga a Petróleos de Venezuela (PDVSA) a proporcionar combustible a buena parte de sus aliados.

¿Podrán hacer el “supremo sueño de Bolívar”?

PDVSA contribuye con fuertes sumas a las políticas sociales que promueve Chávez -hasta US$50.000 millones en 2011-. Y, además, se tiene que hacer cargo del hecho que la gasolina y el diesel en el país cuestan prácticamente nada.

Con sus arcas sometidas a apretones de diferentes flancos, los expertos del sector coinciden en señalar a la falta de inversiones en nuevas refinerías y en el mantenimiento de las existentes como los factores decisivos para que PDVSA no cubra sus necesidades de derivados petrolíferos.

En Venezuela hay tres grandes refinerías. Hace años que se habla de ampliar su capacidad, pero incidentes y problemas de mantenimiento han provocado lo contrario.

Además, el presidente Chávez lleva tiempo prometiendo la construcción de otras tres: una en Barinas, otra en Caripito (Monagas) y Cabruta (Guárico). Ninguna está siquiera cerca de empezar a funcionar.

Según Hernández, “se requieren al menos de tres a cuatro años para construir una refinería”, con lo cual el aumento de la capacidad de refinado no llegaría hasta 2016, si se empezaran a construir ahora.

Se regala gasolina

“Mientras tanto tendrá que seguir importando”.

No hay lugar en el mundo que la venda más barata (US$0,03 el litro), mucho menos que el agua embotellada -que, por otro lado, cuesta más que un refresco-.

En México, es 30 veces más cara y en Brasil 60. Para calcular el precio de la vecina Colombia, habría que multiplicar por 40. Con el diesel las diferencias son incluso mayores.

Eso es posible por una política de fuertes subsidios -más que lo que se gasta en educación y salud- que pese a su larga lista de contraindicaciones, ningún gobierno ha querido pagar el precio en votos de cerrarle el grifo de la bomba.

Sobre la caja de PDVSA pesa un gasto anual de más de US$13.000 millones en subvenciones a la gasolina y US$8.500 millones para el diesel, según el cálculo del experto analista del sector energético Nelson Hernández.

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