Santo Domingo en la visión de corresponsal internacional (+fotografías)

  • Managua, un carnaval en las fiestas de Santo Domingo de Guzmán

Por Jose Adan Silva/The Associated Press

Un hombre con el cuerpo embadurnado con grasa y aceite de máquina, la cabeza coronada por una magnífica cornamenta de demonio, paga una promesa.

Niñas con colorida vestimenta tradicional y hombres con tocados indígenas de plumas bailan en las calles mientras hombres y mujeres realizan procesiones, asisten a corridas de toros y a oficios religiosos.

Es la fiesta de Santo Domingo de Guzmán, el santo patrono de la capital de Nicaragua, cuyas calles se convierten durante diez días al año, del 1 al 10 de agosto, en un escenario de carnaval.

Salvo el comercio dedicado al rubro de entretenimiento y el turismo, las actividades comerciales, institucionales, políticas y gubernamentales quedan suspendidas oficialmente para que la población asista a las festividades.

A “Minguito” sus seguidores le atribuyen milagros de todo tipo. Por ello en el mar de gente que cubre el recorrido de 20 kilómetros entre iglesia e iglesia, se observa una singular variedad de personas disfrazadas de todo tipo: hay quienes se embadurna el cuerpo de aceite usado de automóviles o de carbón líquido, que danzan con azadones y se colocan cuernos de vaca para asemejarse a diablos.

“Yo le pago promesa porque me sacó con vida de una emboscada en 1983 en Quilalí y desde entonces no le fallo cada año vestido de diablo para burlarme de la muerte”, cuenta a AP el ex soldado sandinista Francisco Mendieta Areas, quien se untó el cuerpo de carbón y pintura negra.

Según la alcaldía de Managua, hasta un millón de personas participan en el carnaval.

, de casi 100 años de edad y con 80 de participar en la tradición, según ella, en pago por el milagro de una curación a ella y su familia, llega a la festividad a bordo de una ambulancia de la Cruz Roja y por varios kilómetros recorrió la procesión sentada en una silla de ruedas a la que modificó para colocarle un juego de cachos de vaca, para embestir en modo de broma a los feligreses que divertidos, le bailan como en las corridas de toros.

“No se si este sea mi último año que le bailo a mi patrón, pero quiero pagarle el milagro hasta que ya no tenga vida”, dice agotada la señora.

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