La caída de Artola

Por Hamlett

Nelson Artola, uno de los dirigentes sandinistas más cercanos a la cúpula del poder, nació en el seno de una familia humilde de la ciudad de Matagalpa. Muchos lo recuerdan como un muchacho trabajador que llegó a ser uno de los ayudantes más eficientes del próspero comerciante chino Harry Fun Chan.

Fun Chan llegó a poseer dos restaurantes en Matagalpa, entre otros negocios, Nunca se le vio metido en política activa. Artola se encargaba de los quehaceres en el restaurante y hasta hacía gestiones bancarias de su patrón.

Tras la caída del régimen de Anastasio Somoza Debayle en julio de 1979, Fun Chan fue acusado de haber sido colaborador de la Guardia Nacional y torturador de los guerrilleros sandinistas. Se dijo que en las sesiones de tortura usaba una máscara para ocultar su identidad. De hecho nunca nadie aportó la evidencia que lo identificara.

Artola lo acusó de haber sido el torturador chino, testimonio suficiente para mandarlo a la cárcel y al paredón. El rumor en Matagalpa es que Nelson Artola participó del pelotón de fusilamiento de su patrón.

Luego Artola se integró a las tareas del FSLN y desde entonces fue un burócrata o un empleado público del gobierno sandinista. Dos veces alcalde del municipio de San Ramón, en los años 80, una vez de la cabecera departamental y diputado a la Asamblea Nacional en los 90 hasta que en 2007 fue nombrado presidente del Fondo Social de Emergencia Nacional (FISE).

Desde que llegó a esta institución comenzaron las filtraciones sobre las malversaciones de fondos que la Contraloría General de la República confirmó en 2008 cuando declaró inauditables el uso de varios miles de millones de córdobas.

Un servil

Lo notorio de la actividad pública del funcionario es que fue el servil por excelencia. No desperdició una sola oportunidad para dedicar elogios “al compañero presidente y a la compañera Rosario”. De hecho impuso un “estilo”: Invocarlos a cada minuto desató una competencia entre los funcionarios, de ministros para abajo, de quien lo hacía mejor. Es más, ofreció un cargo en el FISE para que una de las hijas del presidente y de Rosario hiciera su pasantía.

No hay duda que Artola se volvió rápidamente en el operador preferido de la presidencia, confianza que él destacó las veces que pudo. Al asumir la secretaría ejecutiva de la comisión de verificación que preside el Cardenal Miguel Obando y Bravo, comenzó a disponer de un presupuesto aún mayor para resolver los casos que asumía el líder católico.

Se convirtió en el “llavero” del Cardenal Obando a quien siempre disputó su protagonismo recalcando a la opinión pública que las obras o soluciones encontradas a problemas pequeños o grandes eran “obra” del “compañero presidente y la compañera Rosario”.

Sangrar a los rivales

No hay duda que entre 2007 y 2010, Artola fue una estrella en ascenso. Mostró como una hazaña individual el reclutamiento de concejales liberales y figuras del PLC, a los que compró con fondos del estado. Su primera “conquista” fue René Martínez Somoza, uno de los primeros en apuñalar al Partido Liberal, que lo hizo alcalde de Rivas, y que luego fue la punta de lanza de Artola en el seno del PLC.

Cada paso que el presidente del FISE daba, estaba acompañado de una danza de millones de córdobas que nadie controlaba. Y es que el cargo, concebido en la administración de Violeta Chamorro como un fondo de emergencias que recibía donaciones de la cooperación internacional siempre fue susceptible a la malversación.

El tercer cargo de relevancia para Artola fue político cuando lo elevaron a la calidad de operador personal del presidente y la primera dama. Este fue el punto de inflexión en que el Principio de Peter se hizo presente. Artola comenzó a actuar como un látigo y no un moderador, un déspota y no un amigable componedor, un pésimo agente y no un buen mensajero.

La fortuna crece

Pronto le complicó el panorama al propio Ortega y más aún a Rosario Murillo quienes descansaron en él el papel de apagafuegos con la dirigencia intermedia del sandinismo. Mientras tanto, la fortuna del funcionario crecía exponencialmente, sin control de las autoridades, porque nadie se atrevía a molestar al hombre de confianza de Ortega y Murillo.

Para rodearse de incondicionales, Artola se trajo a sus amigos y adláteres de Matagalpa y los colocó en cargos de importancia en la estructura del FISE. Así, pensó, sus espaldas estarían cubiertas. También la fortuna de los amigos matagalpinos comenzó a crecer.

Artola se construyó una mansión en la carretera Matagalpa-Jinotega, dos residencias en el casco urbano fueron remodeladas, fundó su canal de televisión por cable, sus radioemisoras y los negocios comenzaron a prosperar.

De Inatec a la fecha

Pero el declive asomó a corto plazo. La presidencia lo designó al frente de INATEC para resolver el desastre que dejó Dámaso Vargas (secretario político de los municipios del departamento de Managua), incluyendo la malversación de muchos millones de córdobas. Asumió el puesto por un tiempo corto cuando le dio continuidad a la danza de la corrupción que ha postrado a Inatec.

Más recientemente la enfermedad del Cardenal Miguel Obando y Bravo, que lo ha retirado temporalmente de la comisión, más la incontenible voracidad del funcionario lo debilitaron más y lo expusieron ante Ortega y Murillo.

El pasado ocho de agosto, un equipo del Ministerio de Hacienda intervino las finanzas del FISE y lo sustituyó en todas las decisiones. Lo demás está por verse.

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