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Managua en la memoria de un veterano cartero

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Bosco León Báez
Especial de La Calle para
Trinchera de la Noticia

“Novena avenida noreste, número 404 A”. Si, amigo lector de LA CALLE, esta era una dirección de la Managua antes del terremoto. También era equivalente a decir en buen nicaragüense: De donde fue la Voz de Nicaragua media cuadra al lago.

Para ese entonces Managua contaba con direcciones postales, las que se componían del número de la avenida, el de la calle y el de la casa. Con cualquiera de las dos, el cartero siempre encontraba al destinatario.

Estos singulares personajes que llevaban buenas y malas noticias a sus destinatarios, estaban distribuidos en las distintas sucursales de las oficinas de teléfonos, telegramas y correo que había en casi todos los barrios de Managua.

Don Alfonso Padilla, quien se desempeñó por más de 35 años como cartero, nos cuenta cómo funcionaba esa delicada labor. Recuerda que todas las cartas llegaban a lo que se conoció como el Palacio de Comunicaciones, que a mediados de los años cuarenta estaba ubicado de donde era el Banco Central, dos cuadras y media arriba.

La capital dividida en diez zonas

De allí salían a las distintas zonas. Managua estaba dividida en diez zonas. La zona uno era el punto central de la ciudad. Era la esquina de donde estaba la Ferretería Bunge y se extendía por la avenida central y la séptima avenida sureste.

La zona dos correspondía de la séptima avenida sureste a la 16 avenida sureste; la zona tres se dividía en dos radios de acción, comenzando de la avenida central a la avenida noreste, séptima avenida y la calle central. La zona cuatro empezaba por la quinta avenida sureste a la 22 avenida, pasando por la tercera calle noroeste y 20 calle sureste.

Don Alfonso nos sigue relatando que cuando la correspondencia llegaba a las sucursales, cada uno de ellos tomaba las cartas de acuerdo a la zona que les correspondía e iniciaban su maratónica labor.

Era obligado entregar antes telegramas

Cargaban un gran bolso de puro cuero en cuyo interior llevaban las cartas a entregar. Antes de ocupar el cargo de cartero, don Alfonso obligatoriamente tuvo que desempeñarse como distribuidor de telegramas, lo que le permitió comenzar a conocer las direcciones.

Estos carteros se conocían de cabo a rabo todo Managua. En aquellos días cada cartero podía llegar a repartir hasta 10 mil cartas en las 10 zonas de la ciudad. Estas cartas provenían de todas las partes del mundo.

En Navidad el número de cartas se cuadruplicaba y quienes más recibían para estos días correspondencia eran las empresas públicas y privadas. Había una empresa, recuerda Don Alfonso, que era la que más cartas recibía diariamente y era el Banco de Londres y Montreal.

Todos los de este oficio, rememora, tenían que contar con muy buena memoria ya que era la única manera de ejercer a cabalidad, rápida y fácilmente la entrega de toda la correspondencia que para ese entonces era sagrada.

Duro para los principiantes

Para los principiantes era un terrible dolor de cabeza la entrega de las cartas, había que tener buena memoria para grabarse todo el panorama de Managua. A inicios de los setenta uno de los lugares más difíciles para entregar correspondencia era Bello Horizonte.

Don Alfonso recuerda que los grupos de las casas no estaban perfectamente ordenados, tenía que caminar muchas cuadras para poder encontrar la vivienda en donde iba a entregar la carta. Para mí, nos sigue diciendo, fue el lugar más espantoso en donde me tocó entregar correspondencia.

Sueldos de hambre

Durante unos dos años, nos relata, le tocó entregar cartas de la Casa Presidencial las cuales eran la mayor parte de las veces invitaciones a fiestas y convivios en dicho lugar. “Había un chofer que me llevaba a distribuir esta correspondencia, las cual me tomaban mucho tiempo ya que tenía que hacer firmar quien me la recibía”.

Aunque han pasado más de 35 años desde la última vez que entregó una carta, Don Alfonso no olvida que estuvo explotado salarialmente. “Era un sueldo de hambre”, recuerda con mucha tristeza,” inicié a mediados de los cuarenta ganando 60 córdobas mensuales y finalicé con un mil quinientos, sin embargo con ese salario pude educar a mis cuatro hijos, los cuales hoy día son todos profesionales”, recuerda con mucho orgullo este veterano cartero.

2 Comentarios sobre: Managua en la memoria de un veterano cartero

  1. JED79 dice:

    que viva el doble discurso nica, quieren que colombia acate y les de ese mar porque lo decreto la haya, pero quieren sacar petroleo de un area biosferica protegida por la unesco, osea colombia que le acate a la haya y ustedes desacatan las resoluciones de la unesco, QUE BARBARIDAD, que viva EL DOBLE DISCURSO NICA!

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