El “Kalifa” Arellano y su harem en Managua

 

Bosco León Báez
Especial de La Calle para
Trinchera de la Noticia

Los recuerdos de la Managua de ayer siempre llegan a nuestra memoria. Traemos al presente lo bullicioso de sus pequeñas y angostas calles, la venta de vaho en la entrada principal del Palacio Nacional, el pregonar de los vendedores ambulantes, sus cantinas y pensiones, sus personajes como “Peyeyeque”, la “Santa Lucero” y “La Caimana”, entre otros.

¡Cuánto pagaríamos con tal de volvernos a encontrar en las afueras del cine Trébol degustando un delicioso chancho con yuca con su respectivo cacao!

En el barrio Chico Pelón, dos cuadras al sur de donde fue la antigua Aduana, vivía un singular personaje de la vieja Managua: Alejandro Arellano, cuyo nombre de combate era el “Kalifa”.

Este sobrenombre era auto impuesto ya que él decía que era descendiente de los árabes.

La pensión “Madagascar”

El Kalifa se ganaba la vida como dueño de una pensión y una cuartería. El hombre era respetado en el barrio ya que con este par de negocios muy lucrativos contaba con buena solvencia económica. La pensión tenía por nombre “Madagascar”, pero los asiduos visitantes de este lugar comentaban que llegar un rato a este sitio de relax amoroso era escuchar una “sinfonía de tijeras”, debido a que dichas camas de lona rechinaban de distintos lados. Los pequeños y mal olientes cuartos eran de marco de madera con forros de periódicos.

Kalifa era un hombre de más de 6 pies de estatura, barba cerrada. Generalmente andaba mal vestido debido, según él, a que los negocios no estaban tan bien. Sin embargo, Madagascar siempre estaba lleno y la cuartería con inquilinos. Lo interesante de este ciudadano era que tenía cinco esposas y todas vivían en la cuartería.

Realmente el hombre era todo un Jeque árabe. Luis Espinoza, un ex cuñado del Kalifa, nos relata que ninguna de las mujeres le reclamaba absolutamente nada. La comida le tocaba realizarla un día a cada una.

Las quería y las vestía

“Mi hermana Estela” dice Luis, “convivió con él durante seis años hasta que apareció una muchacha vivísima que lo dejó en la calle”.

Estela siempre hablaba de su “esposo”. Decía que era el mejor hombre del mundo porque “nunca me gritó, mucho menos golpearme, tenía que aguantarle a sus otras mujeres pero siempre fue cariñoso con todas nosotras”, afirmaba.

“Cada seis meses nos compraba dos vestidos, ropa interior y un par de chinelas. Kalifa siempre nos hablaba con mucho cariño, él siempre fue cumplido como marido en la parte material y también en la sexual”, afirmaba con mucho aplomo una de las esposas del Kalifa.

Llega la gran depredadora

Pero como todo pájaro tiene su gavilán, Luis nos cuenta que un año antes del terremoto, Kalifa se encontró con una muchacha de unos 19 años de edad. El polígamo criollo se enamoró perdidamente de ella, a tal punto que en menos de cinco meses la muchachita ya había despachado a las otras esposas.

Él aceptó la condición que la joven le había impuesto, una de las cuales era administrar los dos negocios. Por las noches, la muchacha dejaba a Kalifa cuidando la pensión y ella salía con amigas a divertirse. Cuando llegaba a media noche estaba totalmente ebria y lo primero que hacía era pedirle cuentas a Kalifa del dinero que había entrado al negocio. Este de inmediato le entregaba todo y llevaba a acostar a la nueva y única esposa.

Luis, quien aún vive a media cuadra de donde fue la pensión, nos sigue relatando que un par de meses antes del terremoto se aparecieron en un gran camión dos guardias y un abogado, quien portaba una orden de desalojo en contra de Kalifa.

Lo dejó sin nada y murió de tristeza

El abogado le dio lectura al oficio judicial en donde decía que Kalifa tenía que desalojar de inmediato la propiedad, ya que la joven dueña la había vendido a un señor de apellido Cuarezma.

“El pobre Kalifa cuando escuchó la fatal noticia cayó desmayado. Nosotros, al ver el alboroto fuimos a socorrer al desgraciado hombre que llorando como un niño se aferraba a mí, preguntándose cuál era el castigo que estaba pagando.

Kalifa se enfermó hasta morir en el Hospital el Retiro. El hombre había perdido el habla y como no tenía descendencia, en varias ocasiones mi hermana Estela le llevó comida hasta el centro hospitalario, pero el falso árabe ya no reaccionaba. Murió a finales de noviembre del 72 sin pena ni gloria.

Un comentario sobre “El “Kalifa” Arellano y su harem en Managua

  • el 26/09/2016 a las 4:04 pm
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    PLASMAFERISIS DESTILABA SANGRE DE LA POBRETERIA QUE ASFIXIADA POR LOS
    SOMOCISTAS COMO MARCO ANTONIO NO TENIAN OTRA ALTERNATIVA MAS QUE VENDER SU PRECIADO Y VITAL LIQUIDO SANGUINEO.
    ESTE “ROMANO” SI QUE DESTILA VENENO, Y TODO POR DOS O CUARO CALLES QUE YA SOLO NOS IMPORTAN A LOS MAYORES DE 50 AÑOS
    LA CHAVALADA HOY DIA NI QUIERE SABER DE SANDIS Y MENOS DE DERECHOSOS RECALCITRANTES.. AVANCEMOS Y YA DEJEMOS DE POLARIZAR LO INDEFENDIBLE

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