Granada en piel de la América colonial

  • En el centro y sur de nuestro continente hay ciudades con coloridos cascos históricos anclados en el tiempo, que reviven un tiempo de virreyes, esclavos y piratas.

Julián Varsavsky (*)

Diseminados por todo el mapa de América Latina hay barrios y ciudades coloniales a destiempo del mundo actual, que parecen brotar de un colorido cuento y son puro romanticismo. Si para muestra basta un botón, hablamos de la magia de La Habana Vieja, el Pelourinho en Salvador de Bahía, Cartagena de Indias en Colombia y Granada en Nicaragua.

Son lugares donde la arquitectura guarda una coherencia que sumerge al viajero, sin escenografías, en el juego fantástico del viaje en el tiempo, cuando había reyes y virreyes, esclavos y piratas, y los carruajes surcaban las calles adoquinadas igual que hoy.

Nicaragua señorial

Una de las ciudades que mejor nos traslada al tiempo colonial es Granada, que a diferencia de otras de la región no es un simple casco antiguo “intramuros” sino una ciudad completa, sin un “afuera” donde estarían los edificios de la modernidad.

Claro que Granada no es puramente colonial en el sentido americano de la palabra: es también barroca y neoclásica, porque no hay ciudades puras sino con estilos entremezclados. La mayoría de los edificios están pintados con vivos colores, pero hay también iglesias y caserones algo derruidos que traslucen la majestuosa decadencia de sus viejos esplendores y le otorgan a la ciudad un aura de autenticidad muy creíble. Esta melancólica combinación arquitectónica –antigua pero viva y habitada, con edificios que a duras penas mantienen su estirpe de nobleza– es la que le da su encanto al destino turístico más importante de Nicaragua.

Ideal en carruaje

Lo ideal es recorrer Granada en carruaje. El paseo parte desde la Plaza Colón, el centro de la cuadrícula urbana trazada por los españoles según las leyes de Indias, a partir de una plaza de armas rodeada por los poderes del Estado y la catedral. Circundan la plaza magníficos edificios reconstruidos a comienzos del siglo XX, cuyas fachadas tienen una sobrecarga decorativa renacentista esculpida en piedra con molduras de yeso y estuco, ventanas con forma de arco, grandes rejas de hierro forjado, puertas con arco de medio punto, porches y techos con tejas rojas.

Al avanzar en el carruaje se ve la ciudad pasar a los costados mientras el guía explica que fue fundada en 1524. Las ciudades de Granada y León fueron grandes rivales en la primera mitad del siglo XIX, generando guerras civiles por las contradicciones comerciales entre las oligarquías locales. Granada, en el sur, era bastión conservador, y León pertenecía a los liberales.

Episodio Walker

El hito más importante de la historia de Granada fue su reducción a cenizas por parte del filibustero norteamericano William Walker, contratado por los leoneses para doblegar a los granadinos. El pirata Walker llegó navegando por el río San Juan y el lago Nicaragua, encontrando fuerte resistencia. Debió luchar por meses hasta hacerse con el control de Granada, que estuvo dividida en dos con improvisadas fortificaciones y barricadas.

Finalmente el pirata pudo más y se autoproclamó presidente de Nicaragua, donde instauró el esclavismo, acorde con las leyes norteamericanas, y estableció el inglés como idioma oficial. Walker usó Granada como base para iniciar la conquista de toda Centroamérica. Pero sus habilidades guerreras no le alcanzaron para tanto y luego de una serie de fracasos retrocedió hasta Granada, de donde fue expulsado en 1856. Walker se fue por donde llegó –el lago y el río–, pero fue apresado en Honduras y fusilado.

Sin embargo, antes de abandonarla Walker redujo Granada a cenizas, quemando incluso sus siete iglesias. Como despedida, en una calle escribió la frase: “Esto fue Granada”.

Renació colonial y neoclásica

La Granada de hoy es resultado del renacer de la ciudad entre 1856 y 1915. Luego del gran incendio, la clase media levantó sus casas otra vez con la simpleza sobria del colonial español. En cambio, las clases altas se abrieron a la moda europea del neoclasicismo inspirado en las antiguas Grecia y Roma. Así las fachadas comenzaron a poblarse de finos relieves, mientras que la utilización de muros de taquezal –una estructura de madera con adobe– permitió elevar las casas a dos pisos.

En los interiores de las casonas de los ricos hacendados aparecieron los cielorrasos de machimbre, molduras, celajes, frescos pintados en techos y paredes, pisos de mosaico estilo italiano y corredores internos alrededor de una planta cuadrada con patio y fuente central. Los muebles se tallaban en madera y los respaldares de las camas tenían volutas y motivos vegetales entrelazados. Al mirar por la ventana de algunas casas desde el carruaje, aún se ve esa decoración interior que el viajero disfruta en las casonas reconvertidas en hotel.

(*) Extracto de Página 12

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