Otra era con EEUU

Por Hamlett

Qué diferente el diálogo del sábado entre el presidente de Estados Unidos y los presidentes de Centroamérica al de ayer en Petrocaribe. Aunque aún tengo en el paladar cierto –y cuidado que mucho- servilismo en el trato dado al estadounidenses –como las sonrisas melosas de la presidenta Chinchilla, por ejemplo- como ocurría en los años 60 y aún 70, no hay duda que el ambiente del encuentro fue diferente.

Aún debemos esperar los hechos para saber si esta fue una cumbre de mero trámite, una deuda que Obama debía pagar o un compromiso obligado, para impulsar –en Estados Unidos- sus políticas migratorias y la lucha contra el narcotráfico en la región por la que pasa el 80% de la droga que consumen los estadounidenses y de donde emerge el segundo flujo de migrantes –El Salvador- después de México.

Claro que estas son importantes papas calientes del “traspatio” de Estados Unidos cuya vista sigue fija en Siria, deshojando una margarita mientras se dice “ataco o no ataco… ataco o no ataco”. En San José, Obama hizo compromisos pero no ofreció cosas en concreto –los centroamericanos esperaban hablar de dinero a corto plazo.

Todos estamos de acuerdo que la lucha contra las drogas es un asunto de todos en que cada nación debe poner lo suyo, pero los gobernantes de la región han dicho claramente a Obama que escoja, o legaliza las drogas para reducir su impacto o mete dinero suficiente como si fuese a invadir Afganistán o Irak.

Y, ¿qué hay de los factores vinculados a la violencia como el subdesarrollo? La anfitriona lo explicó casi desde la acera de Washington: “Cuanto más fuertes sean la economía y las instituciones, más débil será el narcotráfico”. Su frase es contradictoria porque otros de sus colegas han dicho que sin una disminución del consumo de drogas en Estados Unidos la lucha no será integral ni justa para las pobres economías de la región.

Discursos distinsos

Los centroamericanos hablaron de igualdad con Estados Unidos pero eso no es cierto. “Sabemos que el crimen organizado pesa con crudeza sobre la estabilidad institucional de la región, por lo tanto reconocimos la importancia de mantener los niveles de cooperación y redoblar los esfuerzos», dijo Chinchilla equiparando la inversión de su país en el tema con los poderosos del norte.

Debemos reconocer que Ortega picó más cerca que los demás: «Está claro que hay un tema fundamental que nos interesa a todos los centroamericanos, que es el combate a la pobreza (…) y eso crea las mejores condiciones para combatir el narcotráfico» y que el hondureño Porfirio Lobo puso una pica en Flandes: «Necesitamos apoyo decidido del gobierno de Estados Unidos para atacar el enemigo común del narcotráfico (pues) los países de la región ponemos los muertos en una guerra que no empezamos».

Obama dijo muchas verdades pero escogió cada frase con sumo cuidado para no crear falsas expectativas. Veamos esta: «Si tenemos una policía eficaz, cooperación y reforzamos la capacitación en Centroamérica, podemos progresar. Debemos pensar creativamente porque algunas de las cosas que estamos haciendo han funcionado, pero otras no”. Esto no tiene que ver con Nicaragua, que a fin de cuentas tiene a la Policía más efectiva de la región y los niveles de violencia más bajos de América latina.

El trámite

Según Antonio Caño, enviado especial del diario El País de España a San José “si Barack Obama pasó de puntillas por la lucha contra el narcotráfico durante su estancia en México fue el asunto que dominó, la agenda del presidente estadounidense, en su encuentro con sus pares centroamericanos”.

Obama entró al charco y salió ileso porque, al final de cuentas, estamos contentos porque al fin llegó a Centroamérica, aunque fuese por 22 horas, se vio cara a cara con los gobernantes y respondió con exactitud a sus demandas.

Y aunque no hubo declaración final ni un acta de compromiso –lo que deja aún más en el aire la prosecución de todo lo comprometido- a todos les pareció suficiente la palmadita de Obama: “Vamos a estar junto a ustedes, porque si a ustedes les va bien, a nosotros también”, declaró.

Ortega y la cumbre

Un párrafo merece la actitud asumida en la cumbre por el presidente Daniel Ortega quien cumplió con las expectativas del país que deseaba participara desde una posición constructiva y enfocado en la agenda de nación. Obviamente, la asistencia de Ortega a la reunión de presidentes de Petrocaribe es otra cosa. Esta fue una reunión de socios, muy comercial, muy política para renovar los contratos petroleros con el nuevo “gerente de país”, el presidente Nicolás Maduro.

Aquí se permite, y hasta es obligado, el discurso antiimperialista, fuerte, nacionalista que intente llenar el vacío dejado por el presidente Hugo Chávez. Maduro no tiene la capacidad para sustituirlo ni los mandatarios asociados, aunque la contracumbre de Caracas no tenía el objetivo de hacerle contrapeso a la de San José. Era un asunto importante para el club del Alba y del que depende el futuro de muchos gobiernos latinoamericanos, entre ellos el de Ortega.

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