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Había que borrar lo ocurrido en 1983

  • Antonio Lacayo relata que la primera invitación de Violeta Chamorro a Juan Pablo II fue desde su campaña electoral en 1989
  • “El pueblo nicaragüense tenia ahora libertad para expresarse libremente, y que con esa libertad el pueblo le recibiría con inmensa civilidad y cariño”, fue uno de los argumentos para convencer en El Vaticano

María Alicia Talavera/Trinchera de la Noticia

Antonio Lacayo Oyanguren, quien fue Ministro de la Presidencia del gobierno de Violeta Chamorro recuerda que desde su campaña electoral,  la señora Chamorro invitó a Juan Pablo II para que visitara Nicaragua por segunda ocasión y  así “borrar lo que pasó la vez pasada”. También Lacayo cuenta a Trinchera de la Noticia las múltiples gestiones para convencer a quienes se resistían en El Vaticano para que regresar el Papa. Esta es la entrevista:

P.: ¿Cuándo fue que doña Violeta invitó a Juan Pablo a visitar Nicaragua por segunda ocasión?

R.;  Se lo propuso durante su campaña electoral, en Noviembre de 1989, cuando viajó a Europa y visitó cinco gobiernos en cinco días, Londres, Bonn, Roma, Madrid y Paris, buscando apoyo para la reconstrucción del país una vez ganara las elecciones. Estando ese día miércoles en Roma, y antes de visitar a Giulio Andreotti, Presidente del Gobierno, fue a visitar a Juan Pablo II. El la recibió unos minutos de pie, lo recuerdo muy bien porque yo la acompañé en ese viaje, y recuerdo que le dijo “Cuando ganemos las elecciones quiero invitarlo a que regrese a Nicaragua para que los nicaragüenses lo recibamos como Usted se merece, y borremos lo que pasó la vez pasada. Allá lo queremos mucho. Somos un pueblo muy cristiano”.

P.: Se conoce que había alguna resistencia en el círculo cercano al Papa que él volviera a nuestro país. ¿Qué se tuvo que hacer?

R.:  En 1995 tuve que asistir a una reunión del Banco Mundial en Roma, la cual aproveché para llevar una carta de doña Violeta a Su Santidad el Papa reiterando una vez más su solicitud de que viniera una segunda vez a Nicaragua antes de que ella terminara su período presidencial. Doña Violeta había vuelto a visitar Roma, y en esa ocasión le había hecho invitación formal para venir a Nicaragua. Pero el tiempo pasaba y no se daba la ansiada visita. Por eso doña Violeta aprovechó mi viaje y me pidió que no solo le entregara la carta sino que tratara de convencer a Su Santidad para que se decidiera a venir. Acompañado de Cristiana,  mi esposa, y de nuestro embajador ante el Vaticano, ingeniero Filadelfo Chamorro, visitamos al Papa que nos recibió en su residencia de Castelgandolfo, donde estaba pasando unos días de vacaciones. Allí nos recibió con inmensa amabilidad y cariño hacia Nicaragua y su Presidenta, y además de entregarle la carta le hicimos ver la necesidad de que se decidiera a venir. Había en el Vaticano quienes tenían miedo que los sandinistas hicieran cosas parecidas a lo que habían hecho en la primera visita, en 1983, pero Cristiana y yo le argumentamos que Nicaragua había cambiado, que ahora vivíamos en reconciliación, que la guerra había quedado atrás, y que el pueblo nicaragüense tenia ahora libertad para expresarse libremente, y que con esa libertad el pueblo le recibiría con inmensa civilidad y cariño.

P.: A pocos días de la canonización de Juan Pablo II, ¿qué siente usted haber conocido al que ya es un santo?

R.: En lo personal, como cristiano que soy, siento que hombres como Juan Pablo II, y ahora Francisco, son vivos ejemplos de lo mejor de la humanidad, personas entregadas a buscar el bien para los demás, sin procurar el beneficio personal, personas que ejercen un liderazgo positivo en este mundo en base al ejemplo, al hecho de servir, de entregarse, de marcar un camino de rectitud, de fe, esperanza y amor cristiano. Estoy seguro que al igual que mucha buena gente que hemos conocido en este mundo y que ya se nos han ido, Juan Pablo II está al lado de El Señor intercediendo por los que buscamos la concordia, la convivencia pacífica y el progreso de todos.

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