Bandera nica ondeó en la Plaza San Pedro

  • Lidia Obando, una matagalpina, agitó la única bandera de Nicaragua visible en la Plaza San Pedro
  • Crónica con todos los detalles antes, durante y después de la ceremonia de canonización
  • Tres millones de peregrinos concentrados en El Vaticano vivieron con alegría y devoción el momento más esperado por el catolicismo mundial

María Alicia Talavera/Enviada Especial
Fotos de Federico Lucci Chiarissi
Colaborador

Ciudad El Vaticano.

SONY DSCDesde el punto del cual nos movilizamos en la Plaza San Pedro, casi al final de la misa ayer pudimos ver que en uno de los costados de la misma ondeaba una bandera de Nicaragua. ¡Al fin! porque había de muchos países, pero la que dominaba era la de Polonia, país de origen del ahora San Pablo II.

Sin embargo, cuando los miles de peregrinos buscaban cómo salir de la Plaza, casi a la una de la tarde, hora local, pudimos ver a través de una de las pantallas gigantes que había otra bandera azul y blanco en otro sitio, la cual luego ya no pudimos ubicar.

Pero bien, quien portaba nuestro símbolo patrio era la señora Lidia Obando,
quien se presentó como una nicaragüense originaria de Matagalpa y que hace 28 años vive en Roma. Maestra SONY DSCde profesión y que se dedica a promover la cultura nicaragüense y a defender los derechos de mujeres no sólo de Nicaragua sino de otros países latinoamericanos.

Ella es católica, laica, y dijo sentirse feliz de estar en la ceremonia de canonización de los dos papas, con la presencia de otros dos papas: Francisco y Benedicto XVI. “Este es un momento de renovar la Iglesia y ser más activos en nuestras comunidades. Orgullosa de que Juan Pablo II haya visitado dos veces Nicaragua, porque él sigue presente en la mente y el corazón de los nicaragüenses”, comentó.

Ella nos presentó al sacerdote Aníbal Pérez, de la Diócesis de Chontales, quien realiza estudios en la Universidad Gregoriana de Roma, y quien es muy apreciado y querido por nicaragüenses que residen en Roma.

Supimos que un grupo de nicaragüenses que viajaron desde Managua estuvieron aquí. Unos llegaron por su cuenta y otros en excursiones organizadas por personas o empresas turísticas.

Sin embargo, la presencia de gente de todas las nacionalidades podía verse en cada metro de la Plaza San Pedro abierta a los peregrinos desde antes de las 6 de la mañana de ayer. Quienes estuvieron en vigilia el sábado 26 tuvieron que salir del lugar a eso de las 7 y 30 de la noche, y la mayoría “acampar” en diversos puntos alrededor del Vaticano, en lo que es territorio romano.

Pan polaco en medio de la Plaza

SONY DSCEl equipo de Trinchera –al cual se integró el joven Federico Lucci Chiarissi—ingresó a San Pedro a las 6 y 30 de la mañana, luego de un trayecto por vías alternas en Roma. Muchas calles fueron cerradas desde el sábado como parte del operativo de seguridad. Por donde debíamos ingresar al centro de prensa, de última hora lo cerraron.

Para entrar a la Plaza, al menos por los puntos designados para invitados y la prensa, era a través de sistemas de seguridad.

Roma amaneció ayer nublada y con un poco de viento frío. Durante las casi cuatro horas de espera de inicio de la ceremonia religiosa, cayó una brisa, que no pasó a más, mientras el cielo continuó gris.

Dos helicópteros comenzaron a sobrevolar esta Plaza y Roma desde antes de las 9 de la mañana, luego sonaron las campanas de la Basílica San Pedro, y a las 9:30 a.m. ingresó el Papa Emérito Benedicto XVI, quien fue aplaudido por la multitud.

El Papa Francisco lo hizo, de acuerdo a nuestro reloj, faltando pocos segundos para las 10 a.m. (de Roma) ¡Viva el Papa! se escuchó desde algún punto de la Plaza, lo cual fue respondido por aplausos de la multitud.

En el punto donde nos ubicamos para hacer las tomas permitidas, estaba un numeroso grupo de peregrinos polacos, y tres señoras italianas, que se mantuvieron siempre con la mayor de las devociones.

Antes de inicio de la ceremonia, la gente comía, otros dormían allí mismo para descansar un poco del desvelo y cansancio de los días anteriores, pero fue impresionante cuando por el sistema de sonido en la plaza se pidió que se bajaran las banderas para iniciar el evento histórico.

Hubo un total silencio. Las 500,000 mil personas concentrados allí se sentaron, otros se arrodillaban cuando hubo que hacerlo durante la homilía.

El grupo de polacos junto a nosotros habían viajado durante 24 horas desde Polonia para estar en la canonización de su santo Juan Pablo II. Uno de ellos, Luke, junto a su esposa, sin saber de dónde éramos nos facilitó una pequeña silla plegable y hasta nos ofreció pan integral, el cual dijo preparó en su casa para llevar a Roma.

Mientras que Elena Orlani, italiana, nos facilitó un pequeño paraguas para protegernos de la brisa y también para no afectar los equipos fotográficos. “Esta ceremonia es bellísima, gracias a Dios y a la Virgen”, comentó, quien recordó que conoció a Juan Pablo II en una escuela salesiana.

Más allá a nuestro alrededor estaba una familia francesa. Sus pequeños hijos dormían en sus “bolsas de dormir” (sleeping bags) antes y durante una parte de la misa. Sin embargo, sus padres y hermanos mayores seguían con fe y devoción toda la ceremonia.

Muchos sacerdotes, religiosas, hombres, mujeres, jóvenes, niños… hablando idiomas distintos pero comunicados todos entre sí por el acto de canonización.

Brisa cesó

SONY DSCLa fría brisa cesó a eso de las 10 y 20 minutos. No hubo sol intenso como los días anteriores, pero tampoco llovió fuerte como se temía.

Se desarrolló toda la ceremonia, la misa. Un buen número de sacerdotes se movilizaron por toda la plaza, protegidos por paraguas amarillos con blanco para impartir la santa comunión a los fieles.

Susan Chunga, una peruana que vive en Roma, expresó que estaba emocionada porque fue una ceremonia en la cual “estuvieron cuatro papas juntos”.

Al final, el Papa Francisco saludó a quienes presidieron las delegaciones oficiales al evento. Luego recorrió una buena parte de la Plaza San Pedro a bordo de su papamóvil. Quienes aún permanecían corrían de un lado a otro con la esperanza de verlo aunque fuera a cierta distancia. Luego salió por la vía de la Conciliación—totalmente llena—mientras a través del sonido de la plaza se orientaba por donde tenían que salir los peregrinos llegados de todo el mundo y se anunciaba que a partir de las 2 de la tarde se abría el acceso para visitar la Basílica de San Pedro.

Los distintos grupos de peregrinos, comenzaron a desalojar el sitio donde tuvo lugar el evento histórico de dos canonizaciones. Muchos emprenderían ayer mismo el retorno a sus lugares de origen. Roma continuaba su vida normal, el tráfico comenzaba a normalizarse, los turistas seguían visitando los sitios históricos y comprando artículos religiosos, y los restaurantes y lugares de comida rápida ofrecían sus menús.

En una de las calles aledañas a San Pedro estaba un viejo papa móvil, que según decía el rótulo fue utilizado por el ahora San Juan Pablo II.

Los devotos de él y de San Juan XXIII cumplieron una intensa jornada. Muchos recorrieron miles de kilómetros para llegar hasta Roma y El Vaticano, pero regresan con las bendiciones de los dos nuevos santos y la del Papa Francisco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *