Ceremonia, grandiosa, histórica y sencilla

  • Francisco proclama a los nuevos santos con “grandísima fuerza”
  • Un aplauso de medio millón de fieles católicos llegados de todo el mundo

María Alicia Talavera/Enviada Especial /Trinchera de la Noticia

Plaza San Pedro, El Vaticano.- La proclamación de los dos nuevos santos ayer aquí, se realizó al inicio de la histórica ceremonia que inició minutos después del ingreso del Papa Francisco, quien llegó faltando cinco segundos para las 10 de la mañana, según nuestro reloj.

Media hora antes, lo hizo (9:30 a.m. hora de Roma) el Papa Emérito Benedicto XVI, a quien lo recibió un aplauso multitudinario. Minutos antes las campanas de la Basílica San Pedro hicieron el anuncio del evento grandioso no sólo para los católicos, sino para todo el mundo.SONY DSC

La proclamación se inició cuando el cardenal Ángelo Amato, prefecto para la Congregación para las Causas de los Santos, presentó ante el papa Francisco las tres peticiones de la doble canonización, según el ritual: primero con “gran fuerza”, a continuación con “mayor fuerza” y, finalmente, con “grandísima fuerza”. La respuesta del Papa es cuando pronunció la fórmula: “En honor de la Santísima Trinidad, por la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo y de los santos apóstoles Pedro y Pablo, después de haber reflexionado largamente e invocado la ayuda divina y escuchado el parecer de muchos de nuestros hermanos obispos, declaramos santos a Juan XXIII y a Juan Pablo II”.

Los miles de peregrinos ubicados en todos los costados de la Plaza, en la Vía de la Concilación –que une a Ciudad del Vaticano con Roma—en todos los puntos de la capital italiana sellaron con un aplauso el momento de que los dos papas, Juan XXIII y Juan Pablo II fueron elevados a los altares.

La ceremonia que fue vista en todo el mundo, y en Nicaragua a partir de las 2 de la madrugada de ayer domingo 27, incluyó el acto de cuando las reliquias de los nuevos santos fueron colocados junto al altar mayor. La de Juan XXIII –un trozo de piel extraído en 2001 durante la exhumación para su beatificación—fueron llevadas por sus familiares y la de Juan Pablo II –una ampolla de sangre—por Floribeth Mora, costarricense de 51 años, quien padecía de aneurisma cerebral y cuya curación fue considerado el segundo milagro del Papa Juan Pablo II.

Quizás muchos de los que estuvimos en la Plaza San Pedro esperando ese momento, pensamos en que esta ceremonia tendría otros elementos, pero al final de todo, una peregrina mexicana, de nombre Lucero nos explicó el por qué: “Esto es así porque es la característica del papado de Francisco, todo sencillo”.

Seguramente que quienes estuvimos aquí como parte de los millones de peregrinos llegados a Roma en los últimos días, sentimos lo mismo: salimos más que bendecidos.

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