Política de sucesión conyugal falló a Martinelli

  • En la última década son varios los casos en América Latina en los que los presidentes intentan darle continuidad a su gestión o a sus intereses a través de sus esposas

Gledys Porras

Panamá. La práctica política de mantener el poder a través de la sucesión conyugal no funcionó en Panamá, donde para sortear las restricciones legales el partido del presidente Ricardo Martinelli decidió postular a la primera dama, Marta Linares, a la vicepresidencia del país.

Linares fue presentada en enero como la compañera de fórmula del aspirante presidencial oficialista del partido Cambio Democrático, José Domingo Arias, para las elecciones del domingo pasado ganadas por el opositor, Juan Carlos Varela (2014-2019).

Martinelli daba por sentada la victoria y para ello contaba con haber llevado las riendas de un país con 8,4% de crecimiento económico en 2013 e inversiones de 15.000 millones de dólares en obras en el último quinquenio, pero los partidos opositores acusaron a Martinelli de querer perpetuar su poder político para asegurar el poder económico a través de su pareja.

En Guatemala, hubo otro intento frustrado de sucesión conyugal. En enero de 2010, el entonces presidente Álvaro Colom calificó de “inmoral” el supuesto según el cual se divorciaría de Sandra Torres para que esta pudiese postularse como candidata a la presidencia del país. Un año después, la pareja se divorció y Torres se postuló a la presidencia con el argumento de que su marido pensaba que era la única forma de continuar con las políticas sociales emprendidas durante su mandato.

Pese a poner fin a un matrimonio de 10 años, Torres no pudo cumplir con el deseo de Colom pues la Corte de Constitucionalidad indicó que la candidata cometió fraude de ley porque el propósito del divorcio fue eludir la prohibición de la Constitución de que familiares y parientes del mandatario sean candidatos a la presidencia.

En Honduras, la idea de la sucesión conyugal surgió tras el golpe de estado que sufrió Manuel Zelaya en 2009, cuando su esposa, Xiomara Castro, ganó liderazgo gracias a las protestas que protagonizó para exigir la restitución de su marido en el poder.

En 2013, Castro se postuló a la presidencia con el recién creado partido Libre. Muchos analistas consideraron su candidatura como una forma de recuperar el poder por parte de Zelaya. Durante una entrevista con AFP, Castro aseguró que contaba con un asesor de gran nivel como su esposo pero que era ella quien tomaba las decisiones.

“La que va a estar adentro es Xiomara, es otro ser humano”, decía Zelaya para desmentir en que no tenía que ver en las decisiones que tomara su esposa en el gobierno. Rápidamente quedó claro que no sería así, Zelaya fue el principal asesor de su campaña y además era un acompañante habitual en los actos políticos y recibía ovaciones más efusivas que ella.

Castro fue derrotada en los comicios de noviembre de 2013 por el candidato del Partido Nacionalista, Juan Orlando Hernández, quien obtuvo 36.89% de los votos frente 28.78% de Castro.

De primera dama a presidenta

En la última década, ha habido en América Latina dos intentos de sucesión conyugal en el poder que han sido exitosos, lo que  ha permitido la continuidad en el poder de la familia gobernante.

En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner alcanzó la presidencia sucediendo a su esposo, Nestor Kirchner, una especie de alternancia matrimonial. Fernández lanzó su candidatura en julio de 2007 y resultó ganadora en la primera vuelta con 45,29% de los votos positivos.

En República Dominicana, esta fórmula funcionó para el entonces presidente Leonel Fernández.

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