Gritería desborda Matagalpa

  • Fe católica supera todos los cálculos en el segundo departamento más poblado del país
  • Tradición por todo lo alto opacó los altares oficiales

Enviados especiales/Trinchera de la Noticia

Ciudad de Matagalpa.

Altar de Claudia Zeledón MatagalpaLa capital de Matagalpa fue desbordada por miles de habitantes de los barrios y de las comunidades rurales vecinas que llegaron a la ciudad desde tempranas horas del 7 de diciembre para gritar el tradicional “¿Quién causa tanta alegría?”.

A bordo de buses contratados especialmente para el viaje de ida y regreso, la “marejada” de campesinos, familias enteras la mayoría, empezó a llegar desde las primeras horas de la tarde para esperar el primer grito dado por Monseñor Rolando Álvarez, obispo de la diócesis matagalpina, a las seis de la tarde.

El líder católico oró, desde el atrio de Catedral ante de cientos de fieles, “por todos los agobiados, por todos los que sufren”. Seguidamente dio por iniciada la hermosa jornada mariana que ayer continuó con la celebración de las misas y primera comuniones.

Inspirados a en la Cruz de la Paz

Filas MatagalpaMuchas “griterías” abrieron minutos antes sus puertas ante las pacientes y largas filas de devotos, formadas poco después de mediodía como la doña Carmen Blandón, frente al parque central de la ciudad, que a las cinco de la tarde ya tenía dos largas cuadras, o la de doña Claudia Zeledón de Álvarez, en el barrio El Progreso, con una extensión similar.

Las dos no fueron las únicas pero compitieron en devotos haciendo filas en una ciudad que se “empurisimó” desde temprano.

La ciudad estuvo concentrada desde mucho antes en la organización del evento. Siguiendo la tradición, la mayoría de los altares fueron hechos por los dueños de las casas en horas de la mañana y hacia tres o cuatro de la tarde lucían en todo su esplendor.

Los feligreses de la Parroquia de Guadalupe en el barrio Guanuca, acompañaron a la imagen por distintas calles acompañados de los filarmónicos y de un despliegue de pólvora.

Muchos de estos altares se inspiraron en la recién inaugurada Montaña de la Paz, luciendo enormes cruces al pie de las cuales fue colocada la imagen de la Virgen Inmaculada Concepción de María.

Un renacimiento

Cantos Purísima 2No hay duda que Matagalpa vivió un renacimiento de su fe católica, en gran parte debido a la obra construida en ocasión de los 90 años de la creación de la diócesis matagalpina que estuvo a cargo de los Frailes Franciscanos de la Renovación, tres de cuales, incluyendo al Fraile John Anthony B., a quien los habitantes de esta ciudad simplemente llaman “Juan Antonio” por lo difícil de pronunciar su apellido, se dedicaron a cantar junto a los fieles y a repartir regalos en la antigua casa de donde Horacio Brenes.

La ciudad presentó una arbitraria división entre los altares hechos por las instituciones de gobierno, atendidas por los empleados de cada oficina, la mayoría de los cuales terminaron temprano. Los altares fueron desmantelados en cuanto cerraron a eso de las nueve de la noche.

Esto le pasó al altar de la Alcaldía, ubicado frente al parque, en la parte trasera de la Catedral, que a las nueve de la noche había concluido de repartir las gorras.

En cambio, en los barrios populares la alegría que se vivió fue intensa. Los grupos de campesinos y pobladores de la ciudad se concentraron temprano en las Purísimas que tienen fama de hacer buenos regalos.

Pero, en nuestro recorrido, no vimos un solo altar que no tuviese una nutrida concurrencia.

Testigo silencioso

Los grupos se hicieron acompañar de acordeones, guitarras, panderetas, y hasta mariachis con las cuales no sólo cantaron los himnos tradicionales de la Purísima, sino que de la misa católica tradicional.

En este recorrido comprobamos el orden que imperó en la ciudad aunque algunos impacientes presionaban en las filas para que avanzaran con rapidez. En algunos casos, el “sistema” de meter por grupos a los fieles en las casas colapsó por la presión de los que estaban afuera.

La Policía matagalpina se desplazó por la ciudad y dio seguridad a los altares de mayor concurrencia.

La circulación vehicular se hizo lenta entre las seis y las nueve de la noche debido a la desbordante concurrencia que caminó por la ciudad, bajando y subiendo por las calles de la capital matagalpina.

La impresionante cruz de 33 metros de alto reflejando el brillo intenso de las luces que iluminaron con nitidez a la imagen de la virgen de la Guadalupana, sobre el cerro Apante, fue la silenciosa vigilante de una noche de mucho fervor y fe católica en la Patrona de Nicaragua.

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