Europa en vilo por líderes populistas

Madrid. Los mensajes de apoyo que atesora el griego Alexis Tsipras desde que llegó al gobierno conforman una guía para entender la transformación que sacude a Europa en su camino por dejar atrás la crisis económica.

Al líder de Syriza, el primer partido de izquierda radical que llegó al poder en la Unión Europea (UE), lo elogia la ultraderechista, anticomunista y xenófoba francesa Marine Le Pen. Le levanta la mano Pablo Iglesias, indignado de la Puerta del Sol, “ferviente europeísta” formado en la escuela del chavismo. Le desean suerte el aislacionista británico Nigel Farage y también un viejo líder de la extrema izquierda forjado en la lucha por la unificación de Irlanda como es Gerry Adams. Despierta ilusiones en el antisistema italiano Beppe Grillo y en el islamófobo holandés Geert Wilders.

Unidos por la oposición a la austeridad, esos líderes populistas se miran en el espejo griego y hacen temblar a Europa.

Iglesias, Le Pen, Adams, Farage, Grillo y Wilders crecen como serios contendientes a revolucionar la política de sus países y se ilusionan con llegar al gobierno.

Las elites europeas miran con alarma un fenómeno que podría multiplicar al infinito las tensiones que causa el ascenso de Tsipras en un país como Grecia, que representa apenas el 2% de la economía comunitaria.

Mientras tanto, millones de votantes desilusionados buscan soluciones en figuras rupturistas que prometen recuperar el poder, decisión que le atribuyen a haber capturado a los mercados y a sus delegados en Bruselas.

Es lo que el politólogo José Ignacio Torreblanca, director en Madrid del European Council on Foreign Relations (EFCR), llama el eje de la soberanía. “Europa se está reconfigurando en torno a un eje soberanista-populista, o lo que es lo mismo, en torno a un resurgir de los nacionalismos”, sostiene.

El miedo a los “nuevos Tsipras” marca la negociación contra reloj que el gobierno griego lleva adelante con sus socios de la UE para renovar el auxilio financiero que el país necesita para no quebrar.

Syriza agita la amenaza de la salida del euro si los acreedores no moderan los condicionamientos políticos; los otros jefes de gobierno temen por el impacto doméstico que tendría un triunfo de Atenas en la batalla por “humanizar” el pago de la deuda.

Nadie parece tan atado a ese juego como Iglesias, líder de Podemos. Su aparición fulgurante hace 13 meses partió la lógica bipartidista española. Casi todas las encuestas lo colocan primero en intención de voto de cara a las elecciones generales de fin de año.

¿Puede ganar? “Falta mucho. A Podemos le empieza a pasar alguna factura su dureza verbal, su falta de propuestas concretas y su descalificación de los de la Transición, especialmente queridos y añorados por los españoles”, opina José Juan Toharia, presidente de la consultora Metroscopia, que tiene a Iglesias primero con 27,7%. Añade como signo llamativo que un 32% dice que no lo votaría nunca.

Iglesias admite que su auge es fruto de un fenómeno que lo supera. “Somos el resultado del fracaso de un dispositivo de gobernanza a nivel europeo. Nosotros peleamos para ganar: lo que está en juego es un viraje en el modelo político de Europa”, dijo anteayer en una charla con corresponsales extranjeros.

Aunque él lo niega, su suerte se percibe atada a Syriza. “Angela Merkel es inflexible con Grecia -resume el economista José Carlos Diez, catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares-. Le dice a Tsipras: «La salida del euro es por allá, pero ten cuidado, el primer escalón tiene cinco pisos de alto». Tsipras tendrá que decidir humillarse o romper la baraja. Si sale del euro, su futuro será catastrófico. Y el mensaje hacia España quedará clarísimo: Podemos será Pudimos.”

El fervor de Iglesias con Syriza se equipara al de Le Pen y su Frente Nacional. “Estoy encantada por el enorme cachetazo que el pueblo griego le dio a la UE”, dijo la líder ultraderechista, proclive a salir del euro y volver a las fronteras nacionales.

Un reciente sondeo del Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) le otorga el liderazgo, con cerca del 29% de la intención de voto, seis puntos por encima de sus rivales del socialismo y de la centroderecha. El recambio presidencial es en 2017. “Está claro que Le Pen sigue robando votos a derecha y a izquierda. La duda es si conseguirá superar la eventual unión de un frente republicano en una eventual segunda vuelta”, puntualiza Frédéric Dabi, analista de IFOP.

Antes aparece el desafío de Farage en Gran Bretaña. El líder del Partido para la Independencia del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés) será un actor clave en las elecciones de mayo. Propone salir de la UE y endurecer hasta el extremo las políticas inmigratorias.

Un chiste habitual en Inglaterra cuenta que Farage sube a un taxi y el conductor le pregunta a dónde quiere que lo lleve. Él responde: “A 1957”.

Esa utopía regresiva ilusiona a un alto porcentaje de la población. Según la última encuesta de YouGov, UKIP obtendría un 15%, aunque las particularidades del sistema electoral británico le impedirían cosechar un gran número de bancas en el Parlamento.

Aun sin chances de gobernar, Farage ya condiciona la política de los conservadores, que -temerosos de una fuga mayor- prometen convocar a un referéndum para definir si el Gran Bretaña sigue o no dentro de la UE.

En Irlanda, golpeado como pocos por la crisis del euro, el mayor fan de Syriza es Sinn Fein, el partido unionista de izquierda que dirige Adams, durante años vocero oficioso del IRA.

A la cabeza de un gran frente antiausteridad, Sinn Fein va primero en los sondeos cuando falta un año para las elecciones. Los analistas creen que, como mínimo, su peso será vital para formar el próximo gobierno. Adams aún no anunció si será el candidato.

El mensaje de rebeldía se mantiene en Italia con Grillo, que pese a haber perdido fuerza por su carácter intransigente va segundo en las encuestas y retiene una fuerza con 91 diputados, 36 senadores y 11 alcaldes.

En las antípodas ideológicas, el holandés ultraderechista y xenófobo Wilders encabeza la carrera electoral con cerca del 20%, a dos años de distancia de la votación. Los analistas coinciden en que los partidos tradicionales se aliarán para impedirle el ascenso al poder, pero también admiten que su discurso ganará una nada despreciable influencia.

En otros países también asoman opciones soberanistas de distinto color. Juntos Podemos se llama un nuevo frente que intenta replicar en Portugal el terremoto español. En Suecia y Finlandia se afianzan partidos de raíz neonazi. Y hasta en la tierra de Merkel se vive la revuelta contra la austeridad, con el crecimiento del anticapitalista Die Linke, tercera fuerza del Bundestag.

LA NEGOCIACIÓN CON LA EUROZONA

Apremiado por la fuga de capitales, el nuevo gobierno griego retomará mañana las negociaciones con sus socios europeos.
Los ministros de la eurozona se reunirán en Bruselas con el objetivo de encontrar una base común que les permita avanzar hacia un acuerdo con Grecia, aunque nadie cree que el conflicto que enfrenta a Atenas con la Unión Europea (UE) pueda resolverse antes de marzo.

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