Gossip: Ser “bueno” en la política

“Las únicas armas que nos permiten obtener de la gente lo que queremos
son la fuerza y la astucia”.

1ª. entrega

  • Los que ubicaron al exdirector de Ingresos de Enrique Bolaños Geyer, Róger Arteaga, en la clasificación presentada el pasado 25 de febrero en un acto de Hagamos Democracia (entre sinvergüenzas, pragmáticos y principistas), deben entender que la política es para hacer el bien común,  lo que no quiere decir que el político tenga que ser un santo, a excepción de Tomás Moro y otros contados con los dedos de la mano.
  • El Papa, hoy Santo, Juan Pablo II, quien lo declaró patrono de los políticos el 30 de octubre del 2000, dijo que el Santo Moro “es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral… especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana”.
  • El poeta y novelista alemán, Johann von Goethe dijo que “las únicas armas que nos permiten obtener de la gente lo que queremos son la fuerza y la astucia. Dicen que también el amor es un arma de ese tipo, pero ello equivale a esperar los días soleados, y en la vida es necesario aprovechar cada instante”.
  • Esto me vuelve al tema. ¿Dónde colocarían a Eduardo Montealegre Rivas, el flamante líder de la oposición? ¿Sinvergüenza, pragmático o principista?

La historia de Fouquet

  • Antes de poner una etiqueta a Eduardito les cuento una historia de mi libro de cabecera. “Nicolás Fouquet, el ministro de Finanzas de Luis XIV durante los primeros años del reinado de éste, era un hombre generoso, amante de las fiestas opulentas, las mujeres bonitas y la poesía. También amaba el dinero, dado que llevaba un estilo de vida bastante extravagante.
  • “Fouquet era muy hábil y, en gran medida, un colaborador indispensable para el rey; por lo tanto, a la muerte del primer ministro Jules Mazarin, en 1661, el ministro de Finanzas esperaba ser designado su sucesor. El rey, en cambio, decidió suprimir ese cargo. Éstas y otras actitudes llevaron a Fouquet a sospechar que estaba cayendo en desgracia y, por lo tanto, decidió congraciarse con el rey organizando la fiesta más espectacular jamás vista.
  • “Los más notables representantes de la nobleza europea y algunas de las mentes más brillantes de la época —La Fontaine, La Rochefoucauld, Madame de Sévigné— asistieron a la fiesta. Moliére escribió una obra teatral para la ocasión, en la cual él mismo actuaría, sobre el final de la velada. La fiesta comenzó con una opulenta cena de siete platos, en la que se sirvieron especialidades de Oriente nunca antes probadas en Francia, así como nuevos platos especialmente creados para la ocasión. La cena fue acompañada por música compuesta por expreso encargo de Fouquet en honor al rey.

Así no era

  • “Después de la cena, Fouquet acompañó personalmente al joven rey en una recorrida por el diseño geométrico de arbustos y canteros florales.
  • “Cuando llegaron a los canales que surcaban los jardines, disfrutaron de un espectáculo de fuegos artificiales, seguido por la representación de la obra de Moliére. La fiesta duró hasta muy entrada la noche y todo el mundo coincidió en que nunca antes habían vivido una celebración tan espectacular.
  • “Al día siguiente, Fouquet fue arrestado por el jefe de los mosqueteros del rey, D’Artagnan. Tres meses más tarde, fue juzgado por desfalco al Tesoro Nacional. (En realidad, la mayor parte de los fondos, de cuyo robo se lo acusó, habían sido sustraídos para la Corona y aprobados por el rey.) Fouquet fue hallado culpable y enviado a la prisión más remota de Francia, en lo alto  de los Pirineos, donde pasó los últimos veinte años de su vida en solitaria reclusión”.

Los errores

  • El primer error que Eduardito cometió en su vida fue dejar la cómoda silla de la gerencia de un importante banco del país para meterse a la política. ¿De dónde le salió el gusanito de la política, si su padre fue un gran banquero y su hermano un estafador redomado? No lo sé pero alguien debió engancharlo y él se lo creyó.
  • Su segundo error fue creer que podía ser presidente de la república. Su carrera política fue meteórica, pasando de ser secretario privado del presidente Arnoldo Alemán a canciller de la república, pero de eso a soñar con la presidencia…. ¡por favor! En ese período de menos de cinco años se inscribió en el PLC y asumió un cargo directivo, y así se metió a nadar en una piscina llena de tiburones blancos.
  • Su tercer error fue creer que el dedazo de Arnoldo Alemán lo haría candidato a la presidencia. Menospreció a Bolaños quien lo hizo víctima de su frustración de 1989 cuando doña Violeta Chamorro y Godoy se la “montaron” para ganarle la escogencia de la fórmula en la UNO. Además, menospreció a José Rizo de quien se desquitó más adelante.
  • Efectivamente, don Enrique se quedó oliendo el dedo (1989) porque dos de los tres precandidatos se amarraron, dejaron de anularse entre sí, de competir, y al enfrentarlo unidos en la UNO lo derrotaron. Frustrado Bolaños se retiró resentido de la política y dos o tres años después le pidió un empleo a Alemán. De eso podemos hablar mucho, pero  otro día.

Seguimos mañana.

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