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Como un reloj, la Policía suiza tocó la puerta a las 6 a.m.

— Crónica de la detención de los funcionarios de la FIFA

Por Michael S. Schmidt y Sam Borden
The New York Times

Zurich— El lobby del Baur au Lac, un hotel cinco estrellas de 171 años en el centro de Zurich, lucía tranquilo a primeras horas de la mañana del miércoles.

A los pies de la puerta principal yacían los periódicos. Un limpiador con uniforme negro pulía los pisos de mármol. El concierge atendía la llamada de un huésped que preguntaba si alguna farmacia local podría entregar medicamentos a domicilio.

Entonces, cuando los relojes suizos marcaron las 6, más de una docena de agentes sin uniforme atravesaron la puerta giratoria del hotel sin hacerse notar. Fueron directamente hacia la recepción, donde mostraron documentos oficiales y solicitaron los números de habitación de algunos de los funcionarios de mayor jerarquía del fútbol, quienes se hospedaban en el hotel antes de la reunión anual de la FIFA.

De repente, el venerable Baur au Lac, escala obligada de músicos, artistas y realeza y, según cuenta el hotel, el lugar donde nació el Premio Nobel de la Paz, se transformó en algo parecido a una escena de crimen. Se instruyó al concierge para que llamara a la habitación de un ejecutivo y así fue como dio inicio uno de los golpes más significativos de la historia del deporte internacional.

“Señor”, dijo el concierge en inglés, “sólo le llamo para informarle que vamos a necesitar que se dirija a la puerta y la abra o tendremos que derribarla para entrar”.

El hotel, con vista hacia el Lago Zurich, es un escenario inusual para la aprehensión de los seis ejecutivos del fútbol que fueron arrestados al imputárseles el delito de corrupción, y ahora enfrentan la extradición a los Estados Unidos. La operación requirió menos de dos horas y fue, para sorpresa de todos, pacífica, sin esposas ni armas.

Pero sí hubo la extraordinaria necesidad de usar una sábana.

En Estados Unidos por lo general son los agentes SWAT, con chalecos antibalas y cascos, quienes llevan a cabo las redadas, pero los suizos optaron por un método más sutil. En lugar de irrumpir en las habitaciones de los ejecutivos y llevárselos a rastras en ropa de dormir, los agentes esperaron a que los hombres abrieran la puerta y acto seguido les dieron oportunidad de vestirse y hacer sus maletas.

Los agentes acudieron a sacar del hotel a los funcionarios uno por uno, a través de varias salidas, entre ellas una puerta lateral, el estacionamiento del hotel y, en una ocasión, la entrada principal.

Eduardo Li, presidente de la federación de fútbol de Costa Rica, se hospedaba en el cuarto piso; su habitación se ubicaba a un lado de la escalera principal. Dos agentes llamaron a su puerta. Una vez que Li apareció, los oficiales no hicieron el intento de sujetarlo y se le permitió llevar consigo una maleta con sus artículos personales; lo escoltaron hacia el elevador. El bolso que eligió estaba adornado con logos de la FIFA.

Li, quien oficialmente se iba a unir al poderoso comité ejecutivo de la FIFA el fin de semana, se fue con toda calma, y toda la secuencia fue tan de bajo perfil que los huéspedes de las habitaciones contiguas bien podrían haber estado dormidos mientras sucedía.

Los funcionarios condujeron a Li por una puerta lateral que llevaba a una calle estrecha. Empleados del hotel lo esperaban, sosteniendo sábanas blancas en un esfuerzo por bloquear la mirada de peatones curiosos o miembros de los medios. Y así fue como Li montó en un auto compacto — no en un vehículo policial — que se pasó una luz roja luego de alejarse de la acera.

Poco después, otro funcionario fue guiado discretamente a través del lobby del hotel hacia la salida. Él y los agentes pasaron por una enorme pintura al óleo y dos tapices que colgaban de la pared, mientras los empleados del hotel pulían los candelabros y aspiraban el piso. El ejecutivo arrastraba su maleta detrás de él mientras los agentes cargaban dos bolsas de plástico que parecían contener pruebas.

Aunque no hubo un sólo incidente durante los arrestos, el caos se apoderó de la recepción del Baur au Lac. Minutos después de que la noticia de la operación saliera a la luz, el teléfono comenzó a sonar sin parar. Al mismo tiempo, los agentes comenzaron a regresar a la recepción para solicitar que se les diera acceso a otras partes del hotel.

“Señor, no tenemos información alguna, por favor llame más tarde”, dijo el concierge a su interlocutor antes de colgar el teléfono.

En algún momento, otro funcionario del fútbol, que no estaba bajo arresto, apareció en el lobby a toda prisa; llevaba pantalones, una camisa oxford y las pantuflas blancas de felpa que el hotel coloca en la habitación como cortesía. Intercambió unas cuantas palabras con un empleado de la recepción antes de dirigirse a su habitación sin demora.

Una vez consumados todos los arrestos, un hombre fornido y trajeado apareció en la recepción. Preguntó si alguien sabía dónde se encontraba uno de los ejecutivos de la FIFA.

“Su esposa no sabe qué hacer ni dónde está”, dijo el hombre.

Para las 9 de la mañana, el hotel, que la noche anterior había celebrado una boda, estaba resguardado por guardias de seguridad privada. En el exterior, los reporteros se reunían e instalaban sus cámaras para tomas de televisión en vivo. Adentro, las esposas y novias de los hombres que habían sido arrestados se sentaron juntas en una salita contigua al vestíbulo principal.

Las mujeres se congregaron en torno a una computadora y miraron una transmisión en línea de Walter de Gregorio, vocero principal de la FIFA, quien sostenía una conferencia de prensa en la sede principal del organismo regulador a unos cuantos kilómetros del hotel.

Mientras de Gregorio hablaba sobre cómo, en su opinión, éste en realidad era “un buen día” para la FIFA — porque librar a la institución de la corrupción es una prioridad — las mujeres se acercaron más a la pantalla. Una de ellas rompió en llanto.

 

2 Comentarios sobre: Como un reloj, la Policía suiza tocó la puerta a las 6 a.m.

  1. Celestial dice:

    La persona que escribio este articulo deberia comenzar a escribir libros, tiene una redaccion literaria increible.
    No me gusta el football, sin embargo la redaccion fue tan elegante que me recordo la pelicula Mordecai… Felicidades

  2. A quién le van a quedar los billetes que se escamotearon producto de los sobornos, coimas, riñonadas, etc. y a los otros que aunque hoy no salen a luz,y que también están embarrados, que va a ser de ellos?, los premiarán con puestos jugosos como a Blatter? o es que aquellos son los “chivos expiatorios” de los ejecutivos “tuanis” que defienden los intereses de los magnates dueños de todo el pastel?.Aclárennos el panorama, ya que con esa elección “democrática” a “mata caballo” de Blatter y éste apareciendo como un “héroe”, deja muchas interrogantes.
    Que ese dinero se invierta de una vez en el estadio de fútbol; para construir canchas en las comunidades rurales, en los barrios, en las escuelas; para promover el fútbol y sus valores con los niños y jóvenes, en fin, para desarrollar el deporte por sus protagonistas, alejaditos de estos “ejecutivos” que apenas ven y tocan los “verdes” como que les dan cosquillas en las manos.

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