Bergoglio, o la revolución en la Iglesia

Por Armando Mena Cuadra*

Los vaticanistas más encendidos y conocedores de los entresijos de Roma, capital del mundo católico, donde ahora se sienta en el trono de la Iglesia católica el Papa Francisco, Jorge Mario Bergoglio antiguo Arzobispo de Buenos Aires, en cuya periferia nació de una familia de clase media baja, nunca imaginaron que este hombre llegaría hasta donde está llegando, dando un giro copernicano a nuestra Iglesia.

Puede decirse en conformidad con las frases finales de 2 Corintios 5, 14-17….Lo viejo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Y esto es así desde que el papa Francisco llegó al Papado aquel marzo 13 de 2013, convirtiéndose en el 266 titular de la cátedra de San Pedro en Roma, siendo el primero de Latinoamérica y jesuita, uno de los continentes donde existe mayoría de católicos.

Hasta aquí una ligera semblanza de este hombre, que iluminado por el Espíritu Santo, pero con pies en la tierra, ha dado pasos trascendentales en la renovación de una iglesia adormecida y agitada por las intrigas vaticanas, los casos de pederastia y otros males, los que han venido siendo un escollo para que nuestra Madre Iglesia avanzara en el rumbo que era necesario en esta época de tantos cambios en todos los aspectos.

Su último aldabonazo ha consistido en la promulgación de la Encíclica, Laudatio Si, que se dedica como como muy bien opinan los que le conocen a centrar la labor eclesial en la tierra, y es una mirada centrada en la ecología, en el cambio climático que afecta nuestro planeta, por culpa de los depredadores de los recursos naturales, de los que se enriquecen con la explotación de los combustibles fósiles, de los que destrozan las tierras y la deforestan en beneficio de sus grandes emporios agroindustriales, que a ellos les producen millones de dólares y van dejando una tierra esquilmada, que inclusive ya no es apta para el cultivo.

Como era de esperarse, esta Encíclica ha sido la piedra de toque contra el capitalismo salvaje y despiadado que se ha venido desarrollando sin ninguna cortapisa desde mucho tiempo atrás y de allí que se sea un ataque contra las grandes multinacionales que se esparcen por todo el mundo, como pirañas que acaban contra todo lo que les pone de frente. En este sentido la Laudatio, si; viene a ser un contrapoder que ataca la raíz de los males que padecemos, por culpa de las sequía, los inviernos irregulares, las heladas incontroladas, el deshielo de los polos, que naturalmente son producidos por la mano del hombre, empujados por su afán de riqueza y en detrimento de los más desheredados de la fortuna y aquí es donde está el meollo de esta encíclica.

El pronunciamiento papal, como es lógico está causando reacciones en todo el orbe, y no sólo entre los católicos, sino también entre políticos, gobiernos, ricos de todos los pelajes y toda la tropa que se beneficia de los desastres que ocasiona la naturaleza y así algunos la califican como un documento que no debía haberse producido, y otros como la quintaesencia de nuestro catolicismo que viene a tratar de frenar tanto despropósito humano, que produce indignidad y desesperación a quienes lo padecemos a diario.

Personajes como Barack Obama, presidente de la nación más poderosa de la tierra hasta hoy, la han incluso alabado y considerado necesaria para el porvenir de nuestra historia, otros como el posible candidato presidencial republicano, católico confeso han criticado que el Papa, tocara el tema ecológico desde el pulpito de Roma, y por supuesto los que se dan por aludidos, las oligarquías de los países más ricos y los productores de gas y petróleo ya la están denostando y criticando fuertemente.

Es cierto que esta encíclica toca de manera directa un tema relacionado con la economía y la política, pero tampoco es menos cierto que al Papa Francisco no le está vedado plantear temas como estos, ya como sabemos, éstos causan un perjuicio irreparable a la humanidad y que la misma debe ser defendida contra quienes la atacan y perjudican, porque al fin y al cabo los más perjudicados son los más desafortunados de la tierra, los pobres, esos que a veces no tienen un pan que llevarse a la boca ni a la de su familia y que muchas veces permanecen en la invisibilidad de nuestros barrios de las ciudades grandes y pequeñas.

Esta encíclica viene pues a sentar cátedra en la materia ecológica, tema eminentemente terrenal, como en su día también lo hicieron la Rerum Novarum de León XIII, de 1891, que sentó la doctrina social de la iglesia como consecuencia de los movimientos obreros o la Pacem in Terris del Santo Juan XXIII, que fue una clara respuesta a los problemas de la guerra fría despues de la segunda guerra mundial, es pues un documento que pasará a la historia como un gran documento eclesial referido a problemas candentes de nuestro mundo.

La atención de que ha sido objeto esta encíclica por parte de los gobiernos de todos los signos, los medios de comunicación y en general los fieles cristianos y no cristianos, viene poner de manifiesto que nos encontramos ante un Papa excepcional, con un gran prestigio y autoridad mundial que se acrecienta cada día más, y es claro que no sólo por la promulgación de esta Encíclica Francisco, nuestro Papa, posibilitará que la Iglesia esté más cerca de quienes más lo necesitan y que ésta no será la misma después del Papado que estamos viviendo.

Su influencia quedará de manifiesto en el gran encuentro mundial sobre el Cambio Climático, que realizará en Paris a finales de este año, ojalá pues que los países y organismos participantes de todo el mundo sepan apreciar en toda su intensidad el valor y significado de este feliz documento que ha visto la luz de la mano de este gran pontífice y que en concordancia con el mismo ajusten sus políticas públicas a las directrices que en la misma se marcan y es entonces cuando veremos su verdadera dimensión revolucionaria y entonces podremos también entonar el cambio que nuestro planeta necesita para que podamos vivir a plenitud con lo que nuestro Creador ha planificado para nosotros ayer, hoy y siempre.

Que así sea

 

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