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Violencia con nombre de mujer

Violencia contra la mujer

Por Fidelina Suárez Moreno

Lo más terrible de esta nueva oleada de violencia en el país, es que las principales víctimas han muerto a manos de esposos, hijos u otro miembro de su familia y que la codicia resalta como uno de los principales motivos.

Desde hace tres meses que se descubrió la muerte de tres personas en el barrio Los Ángeles de Managua, el país está siendo sacudido por una serie de crueles asesinatos, que parecen ser un episodio más de las famosas series de televisión, como Mentes Criminales.

Nahum Bravo Torres, es el muchacho de 27 años que planificó y ejecutó con otra persona, la muerte de su padre, Santos Bravo, de su hermanastra y de su madrastra, una tarde marzo de este año, todo con el fin de apoderarse de la fortuna y el negocio del padre.

Estas tres personas entraron confiadas a su vivienda, sin saber que su propio familiar los había sentenciado a muerte, todo por codicia de los bienes ajenos y como si su juventud le impedía trabajar y empezar algo propio.

Algo verdaderamente oscuro se cierne sobre nuestra sociedad para presenciar esta descomposición social. Es como si se actuase sin valores, sin moral, sin barreras, sin leyes y sin temor a Dios.

Hace dos días, se conoció un caso similar en Acoyapa, Chontales. Una viuda de 50 años que debe huir de su pueblo, El Almedro, después que le asesinan a su esposo y encuentra también la muerte de manos presuntamente de sus propios hijos.

La viuda, quien heredó las tierras del esposo y padre de sus hijos, repartió una cantidad para cada uno de los hijos. El que está siendo señalado del asesinato de la madre, un muchacho de 20 años, vendió su herencia, dilapidó el dinero y codiciaba entonces los bienes de su mamá.

Presuntamente, junto a su hermano de 15 años, llegó a Acoyapa y la pobre señora incluso les dio de comer y beber como toda madre solícita con sus hijos, sin imaginar que ellos llegaban a quitarle la vida, así como la de su hija adoptiva y la empleada doméstica de apenas 16 años.

Por esas mismas fechas, una mujer de 77 años, fue asesinada por tres muchachos que se “ofendieron” porque ellos los llamó vagos y en horas de la noche, entraron a la fuerza y la mataron a puñaladas.

Esto sucedió en la Paz Centro, León. Antes, una mujer murió de 13 machetazos, que le propinó su propio esposo en presencia de sus hijos, quienes después confesaron que la madre tenía muchos años de ser apaleada por el desalmado hombre, que como todo cobarde no esperó enfrentar la justicia y se suicidó.

Y si revisamos los diarios nacionales, la lista de víctimas es larga, casi siempre mujeres, sometidas a la intolerancia y la fuerza de un hombre que en pleno siglo XXI parece haber entrado en un retroceso mental o quizás no son capaces de ver que sus mujeres tienen su propio criterio y son pensantes.

Preocupa esta ola de violencia y sobre todo cuando se da entre la misma familia. Es más triste aún que los victimarios sean jóvenes, que se supone son el futuro de la sociedad, jóvenes que han caído en las garras de la codicia y la comodidad de tener los bienes ajenos en vez de construir los propios.

Creo que hemos fallado en la transmisión de valores morales y en la ética diaria de la sociedad que vivimos y se ha formado una generación de jóvenes facilistas y peligrosos.

A ello ha contribuido la disgregación de la familia, ya sea por la separación de los padres o porque la madre o el padre se han ido al extranjero en busca de mejores horizontes.

Conozco casos específicos de madres que desde el extranjero envían dinero a sus hijos, pensando que están en la universidad y ya uno de ellos es un bebedor consuetudinario y el otro pertenece a una pandilla.

Triste realidad, que está dejando decenas de mujeres muertas. Ahora ya no solo a manos de los esposos sino de sus propios hijos.

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