Así se vio el 19 de julio en el exterior

Por Eugenia Velásquez
Agencias

Nicaragua celebró ayer los 36 años del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza, pero tras décadas de Gobierno de Daniel Ortega, la población nicaragüense resiente que poco o nada ha cambiado en el país, más que haber pasado de una “dictadura familiar de Anastasio Somoza a una dictadura familiar de Daniel Ortega”.

Periodistas y hasta quienes lo apoyaron en su “lucha revolucionaria”, ahora ven con recelo y cuestionan un sistema económico que sigue emulando un modelo “pro negocios privado”, que ha logrado privatizar la cooperación venezolana que le ha permitido “desviar fondos para actividades partidarias” y crear “un emporio económico privado de negocios familiares al margen de toda supervisión estatal”.

A esto se suman las reformas impulsadas por Ortega hace más de un año, una a la Constitución de la República de Nicaragua quitando el candado que tenían los Gobernantes para poder reelegirse y poder así perpetuarse en el Poder.

También modificó el Código Militar para obtener el sometimiento de las instituciones armadas a su voluntad.

Ahora Ortega y su esposa Rosario Murillo desvelan en cada celebración del triunfo sandinista todo “el populismo, la opulencia y el derroche de la familia gobernante”, el mismo que fue criticado duramente por Ortega en tiempos de Somoza.

Lo cierto es que la actual situación que atraviesa Nicaragua dista mucho de lo prometido el 19 de julio de 1979 cuando culminó la lucha armada encabezada por Ortega en contra de Somoza, quien gobernó por más de cuatro décadas.

Los contrarios al sandinismo de Ortega le llaman a este proceso de sueños “la revolución perdida”. “Fue una revolución muy bella, lo que pasa es que fue traicionada”, lo que hay ahora “es una dictadura familiar de Daniel Ortega. Eso no fue lo que apoyamos nosotros”, sostuvo el poeta, sacerdote y Ministro de Cultura en la década revolucionaria, Ernesto Cardenal.

El sacerdote quien ahora se ha convertido en uno de los más fuertes críticos del líder sandinista es el mismo que en 1983 copó la atención mundial cuando su Santidad Juan Pablo II lo amonestó y sancionó en público por apoyar la revolución.

“No me arrepiento de haber apoyado” ese proceso, afirmó Cardenal a inicios de año a la prensa extranjera, sin embargo, hoy lamenta que “ya no hay FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional)” sino un partido “electorero que ha puesto en el poder de nuevo a Ortega”, le ha dado “todos los poderes del país” y lo está “enriqueciendo fabulosamente”, dice sobre su excompañero de lucha.

La celebración de ayer es una muestra del giro “revolucionario de Ortega” y su entorno. “Una revolución que muchos llaman de tarimas enfloradas, con predominio de color rosado, los sellos y símbolos que solo Murillo puede interpretar, un sandinismo empresarial en su cúpula que tiene adormecido a las clases populares que aún sueñan, guiada por la propaganda populista, en la tierra prometida”.

Así, Nicaragua lleva su celebración a gastos innecesarios para una población que sigue empobrecida, al igual que en los periodos presidenciales de Somoza, ejemplo de ello son los “llamados árboles de vida” que son “enormes estructuras metálicas de más de 20 metros de altura que le pasan una enorme factura al erario público por su alto costo”.

Todo esto es que lo que revela el diario digital “Las Américas” en una publicación de ayer, en donde reseña que el pueblo nicaragüense “se siente traicionado” por Ortega.

“En realidad son una enorme afrenta para un país empobrecido que a duras penas subsiste, pero además, la muestra del abismal contraste de aquella revolución cargada con jóvenes idealistas que se ganó el corazón del pueblo a lucha de sangre y fuego para derrocar la temida dictadura de los Somoza”.

En la actualidad, las celebraciones del triunfo sandinista de la familia Ortega contrastan con la realidad de los nicaragüenses versus un tsunami de propaganda oficial, plagado de opulencia “con mega rótulos instalados por todo el país, de color fucsia con la imagen de Ortega sonriente y con el puño alzado, con leyendas como “Arriba los pobres del Mundo”, “El Pueblo Presidente”, “Bendecidos, Prosperados y en Victoria”, “Viva la Revolución”, “(Nicaragua) Cristiana, Socialista y Solidaria” o “Cumplirle al Pueblo es Cumplirle a Dios”.

El periodista Carlos Fernando Chamorro, sostiene que en Nicaragua se ha instalado un proceso de regresión autoritaria encabezado por un nuevo FSLN, privatizado por Ortega y Murillo, mientras las instituciones estatales como el Consejo Supremo Electoral o el Ejército Nacional que antes parecían conquistas irreversibles, han sucumbido a la cooptación del caudillismo.

“El nuevo régimen de Ortega, en proceso de consolidación, se presenta como una versión del “socialismo del siglo XXI”, cobijado bajo los símbolos rojinegros de Sandino (héroe guerrillero de Nicaragua) y la revolución sandinista”, escribió el periodista en la conferencia  “Archiving  the Central American Revolutions”,  organizado por el  Centro de Estudios Latinoamericanos (LILLAS) de la Universidad de Texas en Austin.

Según Chamorro, durante la trayectoria de Ortega no se ha observado un proyecto de cambio revolucionario o de reformas sociales como lo prometió al asumir el poder, al contrario, “revela la conformación de un régimen corporativista en alianza con el gran capital nacional e internacional, que ejerce un alto grado de control social sobre importantes grupos organizados de la población, sindicatos, cooperativas, y jóvenes”.

Y ejemplifica como Ortega juega a cooperar con los EE.UU. en temas de seguridad, drogas y comercio, mientras hace alianzas con el Alba y se alinea políticamente con Rusia y recientemente con China, otorgándole la concesión del megaproyecto del canal interoceánico, una concesión “lesiva” a la soberanía de Nicaragua, reflexiona el periodista Chamorro.

Invitados

Entre los invitados al evento figuraron la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, los expresidentes de Guatemala Vinicio Cerezo, de Paraguay Fernando Lugo y de Honduras Manuel Zelaya.

Caravanas de autobuses con partidarios del gobierno desde temprano del domingo marcharon hacia la capital, paralizada por el feriado nacional y bajo una llovizna que no impidió la celebración.

“Venimos a la plaza para decirle al comandante (Ortega) y a la compañera (Rosario Murillo): aquí está este pueblo y vamos por más victorias”, manifestó eufórica Mayra Romero, una de las asistentes al acto.

Ortega apareció con la primera dama Rosario Murillo bajo un estruendo de fuegos artificiales y fondo de música testimonial que inspiró la lucha revolucionaria de la década de 1980.

El mandatario habló en cadena nacional de radio y televisión y la señal de cable fue bloqueada durante unas tres horas que duró la ceremonia, pero no hizo mención a temas domésticos porque dijo que fueron expuestos al parlamento en un informe anual.

Ante el malestar provocado en la población por la muerte de tres civiles, entre ellos dos niños, durante una operación contra el narcotráfico, Ortega demandó a la Policía “revisar bien los operativos para evitar hechos lamentables”.

El dirigente sandinista dedicó parte de su intervención a solidarizarse con México ante los ataques del precandidato republicano estadounidense Donald Trump, cuyas declaraciones contra los migrantes de ese país solo son un reflejo del “pensamiento guerrerista y racista que está en el Imperio”.

Ortega reclamó a Estados Unidos “dejar de ser imperio. No asesinar a los jóvenes solo porque son de piel negra; no disparar gases lacrimógenos ni culatear (golpear) cuando protestan”.

Pero no todos participan en la celebración porque acusan al partido de gobierno de apropiarse de una gesta nacional con fines partidarios.

2 comentarios sobre “Así se vio el 19 de julio en el exterior

  • el 24/07/2015 a las 10:03 am
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    El exilio histórico nicaragüense y los que estudian los movimientos llamados “revolucionarios”, han llegado a la conclusión que el régimen orteguista es una copia al carbón más nefasta que la de la familia Somoza Debayle.

    El orteguismo ha convertido en un lucrativo negocio la venta de la soberanía nacional a vulgares aventureros, como el chino Wang Jing, el que supuestamente construirá un canal interocéanico en nuestro país, causando daños irreversibles a la ecología nicaragüense y profundos trastornos sociales y económicos. Además, cuandod en la mayor parte de los países del mundo falta el agua potable para consumo humano y la agricultura que requiere de la irrigación, en nuestro desventurado país, Ortega Saavedra y su camarilla de saqueadores y narcotraficantes, planean contaminar la mayor reserva de agua potable de centroamérica, como es el Gran Lago de Nicaragua.

    La percepción que tienen los nicaragüenses nacidos en el extranjero y los analistas internacionales, es que los 19 de julio de cada año, no hay nada que celebrar en Nicaragua, como no sea un engaño colectivo que el comunismo internacional impuso a la tierra de lagos y volcanes, contando con la complacencia del entonces Presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter.

    Cada celebración de un nuevo 19 de julio, no es más que un nuevo paquetazo, opinan los analistas extranjeros.

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