El 19 que no volvió

Por Fidelina Suárez

Juan, el guardia de un pequeño comando de caserío, fue capturado a última hora. El 18 de julio iba a bordo de un camión, con su cara pálida, como un anticipo del color de la muerte que lo esperaba en pocos minutos.

Su cuerpo quedó tirado a un lado del kilómetro 69 de la carretera Panamericana norte. Nadie se fijó en él, ni siquiera sus compañeros de armas, guardias como él, que en la estampida final, iban tirando sus rifles, como si desechándolos terminaría el prontuario sangriento que los acompañaba.

Centenares de camiones, camionetas y hasta tanquetas venían de distintas partes del país hacia Managua. Habían triunfado los muchachos, decía la gente, llena de esperanza e ilusión, tal como una muchacha recibe las promesas de amor de su primer novio.

Todos salían a saludarlos, a agitar pañuelos, a abrazarlos. Ellos, sonrientes, hediondos algunos, correspondían de la misma manera. Algunos aceptaron tortillas con cuajadas que les ofrecieron en aquellos caseríos norteños.

Todo era amor y alegría. Nadie se acordó nunca más de Juan. La celebración en Managua el 19 prometía ser apoteósica porque Nicaragua se había librado de una dictadura y se enrumbaba hacia un futuro prometedor.

Nadie leyó la letra pequeña de aquellos incendiarios manifiestos y si lo hizo lo pasó por alto. Era tanto el entusiasmo, tan genuino aquel desborde popular de aquel 19 de julio de 1979, que nada podía entorpecerlo.

Aquellos viejos edificios que sobrevivieron al terremoto de 1972, fueron mudos testigos de aquella manifestación popular y de la llegada de los muchachos, recibidos como héroes. No cabía un alma más en lo que se llamaba entonces Plaza de la República.

Hasta la vieja catedral de Managua, mecida por aquel sismo, se estremeció con aquel tumulto. Fue un 19 para la historia.

Pasaron 36 años desde aquel desborde y aquella vieja plaza ya no recibe a nadie y creo que tampoco reconocería nada de lo que sucede actualmente.

Le ha quedado nada más, las tumbas de dos fundadores del FSLN, Carlos Fonseca y Tomás Borge y la alegría que una vez quisieron darle con una fuente danzarina, fue demolida por órdenes de los nuevos gobernantes.

Enlistados y agitados

Cambia, todo cambia, dice la canción de Mercedes Sosa. La Plaza de la Fe, donde celebraron el 19 de julio, fue adornada con 15 “árboles de la vida”, arbolatas les llama la gente y son una especie de sello de la Primera Dama, Rosario Murillo.

Llegan centenares de miles, pero no con aquel arrojo de 1979. En todas las instituciones de gobierno y alcaldías sandinistas recurrieron a pasar lista de sus empleados para que nadie se quedara en casa.

Los dirigentes principales no llegan a pie ni al “raid” como aquel entonces, sino en lujosos vehículos en los que destaca el Mercedes Benz del presidente Daniel Ortega, con un costo de 178 mil dólares.

Managua se queda sin buses en un día como éste. Las distintas rutas urbanas son ocupadas para transportar a los simpatizantes o a contingentes policiales que se encargan de la seguridad del acto central.

No hay rostros curtidos por el sol y la lluvia, sino elegantes damas y caballeros, protegiéndose del sol, con los últimos Ray Ban o Fendi, con bolsos de Michael Kors o Guess y armados de sus Iphone 6 para mitigar el fastidio y entretenerse en las redes sociales.

Allá arriba en las tarimas enfloradas hay aires acondicionados escondidos. En primer plano, el presidente con la primera dama, sus hijos y los nietos. Varias generaciones y un solo poder, que dicen compartir con el pueblo presidente.

Los de abajo, esperan por horas al presidente que en los últimos años siempre sale de noche, nada de soles radiantes como los aquel 19 de 1979.

Unas cuantas botellitas de “Caballito”, “Ron Plata” o cervezas, por aquello de “Vamos por más Victorias”. Todo es válido para animar a la masa sandinista que ve a sus diputados con relojes Rolex o con cadenas de oro costosas, como las que recientemente perdió el legislador Jasser Martínez.

Se agitan miles de banderas rojinegras, en medio de las arbolatas de varios colores que cuestan nada menos que 20 mil dólares cada una y cuyo costo de energía es de miles de dólares, cuenta que se paga con los impuestos de la población.

Como ahora todo es puro amor, el lema principal de la primera dama, en este 2015 suena una nueva canción que pregona este sentimiento.

Suena y suena en todas las radios sandinistas (decenas junto a un conglomerado de canales de televisión). Ni acordarse de los tiempos de las radios clandestinas que transmitían el mensaje prohibido.

Previo a este acto, la primera dama, ordena todo tipo de actividades como inauguraciones de centros de salud, casas maternas, patios saludables y hasta atoleras, por aquello de recuperar nuestra identidad o ¿será darnos atol con el dedo?

Después de un kilométrico discurso en los que se alaba a los benefactores de turno, como la Alba que ha llenado los bolsillos de la familia gobernante, todos regresan cansados a sus casas. Los de Managua, llegan temprano, el resto tarda horas.

Les queda el consuelo de un día libre. Cambia todo cambia. Lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana. Es lo que nos dice la gran Mercedes Sosa.

Un comentario sobre “El 19 que no volvió

  • el 21/07/2015 a las 11:25 am
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    Las masas populares están ya convencidas que la publicitada revolución popular sandinista no fue más que un paquetazo. Los farsantes que se presentaron como abanderados de una democracia popular, no son más que unos asaltantes y oportunistas convertidos en capitalistas, pero no por su trabajo y essfuerzos, sino por sus atracos y crímenes.

    Cientos de fosas clndestinas con los cadáveres de los llamados somocistas y sospechosos de serlo, se encuentran en diferentes puntos del territorio nacional. Miles de propietarios dee fincas y casas de habitación en toda Nicaragua fueron despojados de sus bienes.

    Una sangrienta guerra civil y la destrucción del aparato productivo nacional es lo que dejó la farsa revolucionaria. Las celebraciones del 19 de julio de 1979, no fue más que una orgía de sangre y de terror.

    ¿Qué celebran ahora los falsos revolucionarios? El culto a la personalidad de un dictador que evolucionó del marxismo-leninismo al fascismo, Ortega Saavedra. Un individuo que para julio de 1979 no tenía ni siquiera donde caer muerto, es ahora un gran potentado, un traidor a us compañeros de lucha y un delincuente que ha traicionado los principios de Sandino.

    El “patriotismo” de los orteguistas no es más que una suma de traiciones. El General de Hombres Libres, Augusto C. Sandino, manifestaba siempre que la soberanía de un pueblo no se discute, se defiende con las armas en la mano. En cambio, Ortega Saavedra vende la soberanía del pueblo nicaragüense por unos dólares más, como es el caso del chino, Wang Jing, el que supuestamente construiría un Canal Interocéanico.

    Bajo la dirección de Ortega Saavedra, Nicaragua se ha convertido en un país donde su cultivan y procesan las drogas. También reciben y almacenan drogas procedentes de Colombia y sobre todo, de Venezuela, procedente del Cártel de los Soles, que es el de los militares y sucesores de Hugo Chávez.

    Lo que celebran cada 19 de julio los orteguistas no es más que pauperación del pueblo nicaragüense, la presión de la oposición y las ejecuciones a granel para mantener sometidod por el terror a nuestro pueblo. La Policía y el Ejército Popular Orteguista no son más que los b razos represores y del terror del orteguismo.

    Los sandinistas no están celebrando cada 19 de julio el triunfo de una Revolución, sino la oportunidad de saquear el país, destruir sus recursos forestales y convertir a Nicaragua en un narcoestado.

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