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El acuerdo Irán y el grupo cinco más uno

Por Dr. Armando Mena Cuadra*

El pasado 14 de julio se firmó en Viena un acuerdo importantísimo entre Irán y las grandes potencias integradas en el Grupo 5+1, formado por EEE.UU, Rusia, China, Francia y Reino Unido, más Alemania, que parece trae nuevos horizontes a la convulsionada y siempre peligrosa zona de Oriente Medio.

Dicho pacto, que en síntesis se reduce a lograr que Irán deje su intento de fabricar la bomba atómica al menos por un periodo de 10 años, a cambio de levantarle las sanciones que pesaban sobre dicho país en materia económica y pueda comerciar sus productos y especialmente su petróleo libremente con cualquier país, que vendrá naturalmente a traer consecuencias en el mercado petrolífero internacional, en donde el petróleo se cotiza a la baja.

Este pacto en palabras de los propios actores abre una nueva era para esa zona tan convulsa del mundo, y donde las rivalidades entre chiíes y sunnies han estado presentes a lo largo de su historia, se juega otra baza tan importante como la hegemonía en la zona que hasta ahora ha venido detentando Arabia Saudí, el mayor productor de petróleo en la región, y naturalmente el odio entre iraníes y e israelitas.

Han pasado 35 años desde que un grupo de jóvenes revolucionarios asaltaran la embajada de los EE.UU en Irán, y que la potencia occidental diera salvaguardia al Sha de Irán, acontecimientos que marcaron bastante el rumbo de las relaciones entre los estadounidenses y los iraníes que ha sido de recelo y desconfianza mutua.

Este es pues un paso más, entre otros que en materia de relaciones diplomáticas ha dado el presidente Barack Obama y uno más de los Estados Unidos, como el hecho con China por el Presidente Nixon en 1972, o el logrado en Camp David en 1978 bajo el patrocinio de Carter entre israelíes y palestinos, o el más reciente entre Cuba y USA, que sin duda han sido de gran calado. Está claro que lo que pretende Obama es dejar su impronta en la política de la nación americana.

El acuerdo puede que no satisfaga a todos los involucrados pero algo es algo y en política internacional esto significa mucho, ya que abre nuevos horizontes tanto a los USA como a los demás firmantes del acuerdo, ya que significa colaborar en varios escenarios, como que Irán pueda con el levantamiento de las sanciones convertirse en comprador de productos variados a países europeos y, a su vez, los demás vender sus productos a ese país, en definitiva que Irán deje de ser como hasta ahora un país paria.

Otro ángulo del acuerdo tanto o más importante que el financiero, es el de las cuestiones geopolíticas en juego y para ello se han tomado las precauciones del caso, especialmente aquellas referidas a la prohibición de la fabricación de la bomba nuclear, que queda sometida a una permanente verificación por parte de la OEIA, organismo de las Naciones Unidas en temas referido a la inspección de cuestiones como la energía nuclear, que está íntimamente ligado al acuerdo puesto que Irán podrá seguir produciendo energía nuclear con fines pacíficos y en virtud de ello el citado organismo podrá realizar inspecciones sin previo aviso.

Muchos iraníes cifran sus esperanzas de que este acuerdo mejore la situación socio-política de ese pueblo sometido a los rigores de los ayatolas, especialmente del intransigente Jefe del Consejo Supremo Alí Jahmenei, quien mantiene a su pueblo sojuzgado bajo los preceptos de la rigurosa ley iraní, ya que permitirán la entrada de medios de los que hasta ahora han sido privados, sobre todo los mediáticos.

Para que este acuerdo alcance su plenitud aún debe recorrer un camino sembrado de escollos, pues tiene que pasar por el Congreso de los Estados Unidos, cuya mayoría republicana ya sabemos que no es proclive a la política exterior del Presidente Obama y menos en temas tan sensibles como este, igual tiene que ser autorizado por los iraníes a través de su respectivo órgano de decisión.

Se dibuja pues un nuevo escenario en el mapa geopolítico mundial y la prueba de fuego de este acuerdo está no tanto en la autorización de las instituciones nacionales, como el que ambas partes cumplan sus compromisos sobre la reducción del programa nuclear y el levantamiento de las sanciones, aquí está el nudo gordiano que hay que deshacer y hasta donde ambas partes se den por satisfechos en el cumplimiento de las obligaciones contraídas.

Otro tema implícito dentro de los acuerdos está focalizado en el respeto a los derechos humanos por parte de los iraníes y dejar de apoyar a grupos que tanto Israel como EE.UU, consideran como terroristas, aunque esto no se haya tratado directamente en dicho acuerdo y sobre convencer a los aliados de USA en la zona sobre la bondad del tratado, especialmente a Arabia Saudí, que como dije anteriormente ve amenazada su hegemonía en la zona e Israel que ve en peligro su seguridad como Estado, ya que Irán ha proclamado su odio al pueblo israelí y ha dado ingente ayuda a los grupos anti israelíes, especialmente a los palestinos que no quieren la existencia de Israel como nación.

Este acuerdo queda sometido a los vaivenes de la política por ambos lados y es claro que aparte del objetivo de lograr un mundo más seguro, Obama trata con ello de dejar su legado como un presidente que prefiere el olivo de la paz a los enfrentamientos bélicos que tantos muertos han dejado al pueblo norteamericano. Esperemos que esto sea así y que se cumpla con lo pactado para ver un mundo donde la amenaza nuclear desaparezca de la faz de la tierra.

*Abogado nicaragüense residente en Valencia, España.

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