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Autor de masacre en Costa Rica era el vecino

*Una joven nicaragüense entre sus víctimas
*Compulsiva fantasía sexual desató masacre en Liberia
* OIJ califica al detenido como paranoico, voyerista, drogadicto, sadista, hostil y agresivo
*Policía Judicial encontró nuevos indicios al allanar la casa del imputado
*La colegial sobreviviente de la masacre reconoció al sospechoso ayer

Por Katherine Chaves R. y Juan Fernando Lara S.
San José.

El sospechoso de asesinar a cinco universitarios el 19 de enero en Liberia y de una tentativa de homicidio contra una menor, actuó motivado por una pasión compulsiva hacia una de las jóvenes.
Se trata de Gerardo Alonso Ríos Mairena, de 33 años, quien fue detenido este viernes, y vivía a escasos cuatro metros del apartamento que un primo suyo les alquilaba a las víctimas.
El director del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) Wálter Espinoza, confirmó que Ríos tenía posibilidad de acercamiento, visualización y contacto con los estudiantes.
No descartó que el sospechoso haya estado enamorado de alguna de ellas. “Es una posibilidad de que hubiese algún acercamiento”, afirmó.
Espinoza lo calificó como un individuo sadista, con personalidad limítrofe y disociada, además de hostil, agresivo, voyerista, narcisista y paranoico.
Lo anterior, sumado al consumo de marihuana y a esa fantasía sexual compulsiva, pudo haberlo motivado a cometer el hecho criminal.
En su perfil de Facebook, Ríos tiene entre sus amigas falsas a decenas de jóvenes de varios países que aparecen en poses sensuales.
La fatídica madrugada del 19 de enero perdieron la vida degollados Joseph Briones, de 22 años, así como Ariel Vargas, Stephanie Hernández, Dayana Martínez e Ingrid Méndez, estos últimos de 24 años.
Sobrevivió una colegial, quien aportó datos valiosos sobre el agresor y el pasado 26 de enero abandonó el Hospital Enrique Baltodano, en Liberia.
El OIJ no confirmó cuál de las jóvenes era la que, presuntamente, le atraía al homicida.
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Ríos vivía con su madre y su padrastro en una casa que se comunica con otra de sus abuelos. Una puerta del inmueble comunica con el zaguán por donde pasaban a diario las tres estudiantes y el novio de una de ellas.
La Policía Judicial cree que el agresor tenía las llaves del apartamento de los universitarios, lo cual le facilitó el ingreso.
El sujeto no tenía trabajo fijo, sino que ocasionalmente realizaba labores de construcción.
Su caída. Un equipo de investigación liderado desde el OIJ de Liberia, pero reforzado por ingenieros y biólogos forenses, expertos en bioquímica, psicólogos, sociólogos y médicos legales empezaron a atar cabos en las horas posteriores al asesinato múltiple.
Fue fundamental la ayuda de la joven sobreviviente, cuya declaración permitió distribuir el retrato hablado. Ella habló también de un tatuaje que el imputado tiene en la espalda.
Con esos datos, el equipo policial investigó a sospechosos con antecedentes criminales en esa zona. Esto permitió ubicar a un hombre al que habían detenido en el 2011 por tráfico de drogas.
Un posterior estudio del espectro telefónico del aparato que el asesino olvidó en la escena del crimen, permitió al OIJ determinar que Ríos estuvo en Liberia a la hora del crimen.
El allanamiento, perpetrado ayer a las 6 a. m. con la ayuda del perro Aquiles, hundió a Ríos.
El sabueso, especializado en rastrear restos de sangre, confirmó su existencia en tenis, ropa y un cuchillo de cocina.
Según Espinoza, con ese cuchillo, el asesino dominó a las seis personas que dormían luego de haber visto un partido de fútbol entre Alajuela y Liberia.
Primero, amenazó a uno de los jóvenes con el arma blanca y obligó a otro a atar a los demás. Con la escena dominada, procedió a ultimarlos aproximadamente a la 1 a. m.
Él se impuso con agresividad y violencia, con su comportamiento temerario, impactante, y logró de esa manera, con una arma blanca, someterlos a todos y luego asesinarlos conforme a su perspectiva, con su planeación, explicó Espinoza.
Ese día, los médicos forenses hallaron una prueba vital durante la recolección de indicios en el apartamento.
En una pared, cerca del apagador, quedó una huella dactilar impregnada de sangre y en ella los expertos descubrieron 14 caracteres que coinciden con la palma izquierda de Ríos.
“Significa, de manera necesaria, que él tuvo contacto con ese fluido biológico, que estuvo en el sitio y que tuvo contacto con los cuerpos o con la sangre misma que manaba de ellos”, manifestó el jerarca policial.
La menor sobreviviente reconoció ayer a Ríos, durante una diligencia policial.

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