Opinión: Colombia, un conflicto que no termina

Por Dr. Armando Mena Cuadra

Los acuerdos de paz firmados entre el gobierno de Colombia y las guerrillas de la FARC no terminan de asentarse después del largo proceso de negociación tanto en Oslo, como en la Habana, en los que se fraguó el fin del conflicto que azotó a Colombia durante más de 50 años.

Colombia, pese a estas cinco décadas de conflicto, ha sido un país democrático donde se ha primado el respeto a los principios tales como elecciones libres y transparentes, defensa de los derechos humanos, una fuerte institucionalidad y una división de poderes, acompañada de una prensa libre e independiente.

Los acuerdos firmados el 26 de septiembre de 2016, en Cartagena de Indias, con la presencia de los principales protagonistas, el presidente Juan Manuel Santos, y el jefe de la guerrilla, Rodrigo Londoño, alias Timoleón Jiménez alias Timochenko, y la participación de muchos representantes de gobiernos de la región entre los que se incluía a los de Cuba, México, Brasil, Noruega, España, cuya presencia daba un aval internacional a los mismos.

Los acuerdos, que culminaron con la guerra fratricida de colombianos, no terminan de calar en la mayoría de los colombianos de a pie, ya que mucha gente desconfía de algunos puntos de dicha negociación como son la integración de la guerrilla a la vida política, convertida ahora en un partido político, para los próximas elecciones legislativas y presidenciales colombianas.

Un conflicto que causó ocho millones de víctimas y más de 260 mil muertos.

Los colombianos tampoco ven con buenos ojos la llamada Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que conllevaría la inmunidad penal para guerrilleros que cometieron crímenes atroces durante el conflicto, lo que significaría un trato muy especial para la guerrilla que los sustraería de la justicia ordinaria para encausarlos bajo una jurisdicción especial, que incluso podría violar tratados internacionales a los que Colombia está sometida.

También ha sido objeto de mucha controversia el tema del narcotráfico que, como todo el mundo conoce, ha sido el sustento económico que ha mantenido las  finanzas de la FARC considerado por muchos como el mayor cártel del narcotráfico internacional, los mayores traficantes de los últimos años, con amplias ramificaciones en los EE.UU. y Europa, en donde la cocaína elaborada por los guerrilleros ha sido introducida en combinación con los cárteles mexicanos y venezolanos de la droga, les produjeron pingües beneficios económicos.

Otro tema a tener en consideración fue que, contra todo pronóstico el referéndum, que debía de sellar los acuerdos de la Habana fue votado en contra por los colombianos. El 2 de octubre del año pasado ganó el No con un 50.21%, mientras el Sí obtenía un 49.79% de la votación. La abstención fue alta, el 62.59%, lo que para muchos es considerado como como un Sí pero No, según opinan al respecto analistas internacionales y nacionales.

Como resultado del referéndum, el gobierno colombiano se vio forzado a reformar algunos puntos del tratado de paz, ya que dicha consulta era de obligado cumplimiento y por lo tanto tenían que respetarse los resultados del mismo y se firmó el nuevo acuerdo 24 de noviembre del recién concluido año, el que fue ratificado por el Senado y la Cámara de Representantes del país el 29 y 30 de noviembre de 2016.

Hay mucho escepticismo en cuanto a que si los acuerdos generarán una paz estable y duradera, después del conflicto, lo que es atizado por los opositores al acuerdo, encabezados por el ex presidente Álvaro Uribe y sobre todo, después de un atentado muy reciente en la capital colombiana, que muchos creen es obra de grupos guerrilleros incontrolados, que provienen de las FARC, lo que se encuentra bajo severa investigación para descubrir a los culpables del mismo.

La cuestión ahora está en saber si los puntos que han generado polarización entre los colombianos serán arrastrados por la política ante las próximas elecciones y por esta vía sea truncado el proceso, que mal que bien está en fase de implementación para su plena y efectiva conclusión y sobre todo que no paralice la entrega de las armas por la guerrilla, lo que está siendo verificado por la ONU, organismo multinacional de la más alta credibilidad.

Estamos a nuestro entender, en una especie de impasse, sobre lo que vendrá en el futuro próximo, por ejemplo, el partido del ex presidente Uribe, el Centro Democrático, y el propio Uribe, han manifestado en conferencias dictadas en las últimas semanas en Europa, que respetarán el acuerdo pero que lo someterá a serias revisiones y ajustes, lo que naturalmente produciría discrepancias con las FARC y podría poner en peligro todo lo que se ha trabajado hasta ahora.

El presidente de la república Juan Manuel Santos, el otro protagonista de estos compromisos, Premio Nobel de la Paz, después de las largas negociaciones habidas en La Habana, empeñó todos sus esfuerzos y su voluntad política en lograr para su país lo que él considera como el camino a la nueva Colombia, libre de conflictos y con posibilidades de convertirlo en una nación de avanzada en todos los aspectos, especialmente en el económico. Conseguir que Colombia vuelva a ser un país abierto a la inversión extranjera, que hasta ahora ha huido del país por el largo conflicto que ha destruido al país y enmarcado como el gran productor del narcotráfico internacional.

El conflicto ha evitado reducir la pobreza que aún campea en las zonas del conflicto y de paso combatir la desigualdad entre los más ricos y los más pobres.

Para ello Colombia, necesita en esta época post-conflicto de mucha inversión y gasto financiero para que cambie de rumbo, y sobre todo para que haya seguridad, tanto jurídica como  económica, y social y ojalá este país hermano encuentre la paz y el sosiego que necesita para afrontar el futuro sin temor a nuevos conflictos y encontronazos entre hermanos.

 

 

 

 

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