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  • Crónica sobre el nuevo estadio Dennis Martínez

Texto y fotos de Martín Paizano
Trinchera de la Noticia

Al fin el día tan esperado para los fanáticos del béisbol y para los que gustan del espectáculo deportivo. El nuevo estadio Dennis Martínez abrió sus puertas con la serie entre las selecciones de Nicaragua y Taiwán, país que donó el dinero para su construcción.

En el limbo quedó el antiguo estadio cuyo primer nombre fue Anastasio Somoza García, rebautizado con el nombre de quien lo mató a balazos, Rigoberto López Pérez, hasta que finalmente adoptó el nombre de un beisbolista.

El estadio aguantó terremotos, huracanes, revoluciones, erupciones volcánicas, traspasos de mandos presidenciales y muchos hechos históricos en sus 69 abriles de existencia.

El arranque del nuevo coloso deportivo fue una prueba contra el entusiasmo, el caos y la mala educación de los fanáticos. Cuando llegó el día para quienes pagaron su boleto, la avalancha de vehículos fue tal que la zona de parqueo colapsó. El estacionamiento que suponía tener la capacidad para soportar un lleno completo no dio abasto y tuvo que ser cerrado, lo que provocó el primer malestar y críticas de los fanáticos.

Aunque los organizadores dijeron que habían vendido todos los boletos desde una semana antes al juego inaugural, vimos muchos asientos vacíos y reventa de tickets. El bautizo de la naturaleza no se hizo esperar y una fuerte lluvia malogró el debut de las selecciones china y nicaragüense.

Fue un momento de caos, miles de fanáticos corrieron a protegerse bajo las zonas techadas. El estadio no proveyó capotes plásticos, ni la gente llegó preparada.

De repente se apagaron las luces del campo provocando una sonora queja de los fanáticos, porque el juego tuvo que atrasarse media hora, mientras los técnicos arreglaban el problema.

El big leaguer de los Marineros de Seattle, Erasmo Ramírez, apareció y desató la locura. Cientos querían tomarse fotografías con lanzador.

El vigorón, el plato típico nicaragüense más vinculado al béisbol, nacido en el estadio de Granada, fue el gran marginado. Las comidas rápidas, de food court, (pollo frito, papas fritas, hot dog y las pizzas son los nuevos reyes del estadio.

Pero, y muy pocos saben cómo, las vendedoras de vigorón se las arreglaron para meter las bolsas de vigorón hasta los asientos de los fanáticos, llevados desde la zona baja del lugar.

Bueno, así son las cosas en Nicaragua, y el nuevo estadio ha comenzado a escribir su propia historia.

Qué falta de tacto

De falta de tacto protocolar y mal gusto calificaron muchos aficionados que asistieron a la inauguración del nuevo estadio nacional que no hayan invitado a bajar al terreno para el lanzamiento de la bola inaugural, al embajador de la República de China (Taiwán), Jaime Wu, que observó el acto desde la mesa de presídium.

Taiwán fue el principal donante para la construcción del estadio donando $30 de los $50 millones de dólares que costó la obra.

Los bárbaros de siempre

Las redes sociales explotaron contra los mal educados de siempre que caminaron sobre las sillas nuevas del estadio, que subieron los pies sobre los respaldares, que tiraron restos de comida al piso y arpillaron las latas de cerveza como si fueran biombos caseros.

Un ciudadano documentó la primera silla doblada por el peso de algún irresponsable.

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