Lo que dejan las elecciones

Si estas elecciones hubiesen sido limpias y transparentes… es el deseo de cada nicaragüense que el domingo fue a votar y el de los que no fueron. No podía esperarse otra cosa de un sistema electoral obsoleto, viciado y controlado por el FSLN.

El Consejo Supremo Electoral es un organismo político que debe pasar por una profunda reforma, factible pero no realizable en el corto y el mediano plazo. Un CSE técnico, manejado por especialistas (técnicos), modernizado, tecnologizado, sin un ápice de influencia o dominio de alguna fuerza, es lo que todos desean. Pero, mientras la política sea dominada por líderes de pensamiento totalitario, oportunistas, populistas o los incapaces (traidores, prebendaristas, “inocentones”) no será posible cumplir el deseo.

No hablo de máquinas o de sistemas que no fallan sino de personas confiables en que puedan hacer la tarea. Y no me vengan con el cuento de que Róger Arteaga, Carlos Tunnerman, Fabio Gadea o Gabriel Alvarez (que un día son analistas y al otro son personalidades de pensamiento “puro” mientras llevan al MRS en sus corazones) son los “probos” e indicados para cumplir el sueño.

Las votaciones del domingo nos dejan una agenda para pensar.

Las municipales dejan como tarea fundamental trabajar para terminar con el control sandinista del CSE. Y no seamos inocentes:

1) En 1990, el presidente y la secretaria del Consejo Supremo Electoral eran Mariano Fiallos y Rosamarina Zelaya, dos militantes del FSLN.

2) Antes de concluir su período, la presidenta Violeta Chamorro nombró a cuatro políticos en el CSE, aprovechando los poderes que se había dado Daniel Ortega. Ellos son: Alfonso Callejas, quien fue vicepresidente de Somoza y era dirigente del PLN (Partido Liberal Nacionalista); Fernando Silva Espinoza (ex diputado y miembro del Frente Sandinista), Braulio Lanuza (conservador) y a un delegado de la Sociedad Civil: Roberto Rivas Reyes.

3) Las elecciones de 1996 las organizó Rosamarina Zelaya, quien había ascendido al cargo con los votos del MRS y del PSC.

4) Las elecciones de 2001, las organizó Rivas Reyes quien ya lleva 17 años en la silla del presidente del poder electoral.

Esto significa que, en los últimos 27 años, todos los presidentes del CSE han sido políticos y miembros de algún partido político.

Ensayo de agenda

Las votaciones del domingo nos dejan una agenda para pensar. Creo que el papel de los partidos que participaron en los comicios fue mucho más positivo para la democracia del país que el de aquellos que llamaron a no votar y solo tiraron piedras. Se me ocurren algunas razones para apoyar esta tesis:

1. Evitaron que el FSLN arrasara las elecciones. Algunos dirán que la participación del PLC, CxL, el PC y otros “legitimaron” al sandinismo y sus maniobras, pero Daniel Ortega estaba decidido a ganar estos comicios con sus rémoras.

2. Demostraron que la unidad en algunos municipios fue determinante para ganar alcaldías, así como la división les impidió triunfar en otros. También hubo casos en los que no fue suficiente para ganar, aunque demostraron el músculo que les queda.

3. CxL debe definir cuál es su futuro inmediato como partido opositor. Daniel Ortega los usó muy bien para obtener alcaldías que sin la división no hubiese sido posible como Villa Sandino, en el departamento de Chontales, en donde el PLC y Ciudadanos pierden por primera vez una plaza nunca ganada por el FSLN, aun teniendo la capacidad suficiente para derrotar al sandinismo. Y como este puedo mencionarles otros ejemplos.

Fin al sectarismo

4. El Partido Conservador tiene razón al haberse declarado ganador al romper con su “prisión” histórica, pero debe pensar seriamente en integrar un equipo con sus antiguos adversarios liberales para derrotar al sandinismo en las nacionales del 2021. La oposición debe trascender las metas de ganar una bancada de diputados o un puñado de alcaldías. Hay que volver a la ambición de conseguir el poder para cambiar el sistema electoral y el rumbo del país porque de otro modo la seguirán viendo “pasar”.

5. La oposición radical debe terminar con el sectarismo, una de las epidemias que han contribuido grandemente a la fragmentación partidaria. ¿Quién dice que Moisés Hassan debe ser el líder opositor cuando tiene mucho perdón que pedirle al pueblo de Nicaragua? ¿Quién dice que Dora María Téllez, Edmundo Jarquín y el mismo Sergio Ramírez deban ser los líderes de la oposición cuando no han ganado nada aún?

6. Estas elecciones confirmaron al PLC como la segunda fuerza del país y al CxL y el PC como fuerzas emergentes. Nada ni nadie puede descalificar un logro tan importante pese al sofisticado fraude sufrido el domingo pasado. La sangre derramada en diferentes puntos del país demanda actuar en consecuencia. La muerte de activistas en los incidentes violentos del domingo y el lunes -y de días antes- no puede conducir a un nuevo 22 de enero (1967).

Honrar a los caídos

7. Hay una vía pacífica y democrática que puede dar buenos resultados si los líderes opositores son capaces de entender el mensaje de la ciudadanía.

8. El PLC, CxL y el PC sumaron medio millón de votos en las municipales, en el peor día para la transparencia y la democracia. Hay un punto para recomenzar porque el camino de las armas no debe serlo más.

Hay mucho que analizar y lo seguiremos haciendo en los próximos días.

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