La violencia nos acecha

México registró 2 mil 764 asesinatos en el pasado mes de octubre, “el más violento no sólo del sexenio en curso sino de las dos décadas recientes, cuando se inició el recuento de incidencia delictiva en el país”, comentó al respecto el diario azteca La Jornada.

Cada hora murieron casi cuatro personas en el país de los mexicanos, uno cada 15 minutos. La cifra es estremecedora. “En los 10 primeros meses del año el acumulado de víctimas de homicidio doloso es de 23 mil 978; la mitad de las entidades de la República tuvieron alzas en crímenes de este tipo perpetrados la mayoría con armas de fuego”, agrega el periódico.

El Salvador alcanza cifras extremas de violencia. La capital San Salvador, según las estadísticas de la Policía Nacional Civil, registró 72 casos crímenes de un total de 295 homicidios ocurridos a nivel nacional, entre el 1 y el 19 de octubre. Este mes concluyó con 698 homicidios. En agosto ocurrieron 907.

Honduras registra 28 masacres con más de 100 víctimas en lo que va del 2017. En América Latina, Honduras, El Salvador y Venezuela encabezan las tasas de homicidios con 86, 71 y 67 homicidios por cada 100,000 habitantes.

Saco a colación estos datos porque cada semana que veo las conferencias de prensa del Subdirector General de la Policía Nacional, Francisco Díaz, presentan a los detenidos por crímenes, sobre todo robos. Lo más impresionante es que se trata de jóvenes, algunos casi niños que deberían estar en las escuelas o si no trabajando.

La vocera de la Policía Nacional, Vilma Rosa González, dijo esta semana que en el marco del “Plan de Seguridad de las Familias y Comunidades” detuvieron a 99 personas a el país por cometer delitos varios, sobre todo el robo.

Diversificación

La gama de delitos es mucho más amplia. Por ejemplo, falsificación de dólares. Una joven fue detenida en Peñas Blanca cargando $95,600 falsos dólares. Otro fue detenido lavando dinero. Pero la información que me lleva a esta columna es que 92 de los jóvenes detenidos se dedicaban al robo con intimidación, es decir, asaltaban a las personas con armas blancas, cuchillos o navajas.

Y ojo al dato: 66 de los capturados estaban circulados por cometer robos con fuerza, intimidación o violencia. Además, 14 son vendedores de drogas.

A ver la fila de una parte de los detenidos lo que sorprende son sus rostros juveniles y sus vestimentas. Pasan por cualquier estudiante o joven trabajador, no despiertan sospechas si se les encuentra en la calle, lucen como cualquiera otro muchacho.

Otra diferencia notable es que la cantidad de mujeres detenidas en estos operativos es mínima. Aunque cuando se comparan los datos -lo que ahora es más difícil por la censura y filtros policiales a la prensa no oficialista- vemos que es importante la participación de mujeres en la venta de drogas al menudeo, en especial lo que se conoce como “narco-familias”.

Malas influencias

Los nicaragüenses estamos rodeados por los dos países más violentos de América Latina -México ocupa el puesto No. 14 y Venezuela el No. 4- y por la bodega de drogas de la región entera.

Costa Rica no es más el lugar más seguro de la región. Es el depósito de la droga que proviene del Sur, un territorio disputado por carteles del narcotráfico que a diario ejecutan entre 4 y 5 homicidios, cuyas peleas callejeras han acabado con la paz social del Limón, por ejemplo, o el sur de San José.

Los ticos les recriminan a los nicaragüenses su participación en crímenes contra sus parejas, pero la juventud costarricense está más involucrada en la vorágine criminal de las bandas, lo que no justicia ni lo uno ni lo otro. Decenas de mercenarios llegan a este país para cumplir una o dos tareítas, como eliminar a un cabecilla que molesta a otros, o para organizar el traslado de un cargamento.

Seguimos asediados

Estamos asediados, pero aún así, nuestra juventud no está contaminada con los problemas que viven los vecinos, que son mucho más graves y dolorosos. Sin embargo, cada vez hay más jóvenes involucrados en el robo común y sobre todo más dispuestos a usar armas de fuego o “blancas” para volverse más efectivos en sus crímenes.

Hasta ahora, los carteles de la droga han tenido un relativo éxito en el reclutamiento de operadores en Nicaragua. Un reciente informe de la DEA señala que hay dos carteles mexicanos actuando en el país. La censura oficial ha ocultado información relevante como el traslado de drogas en avionetas por el Caribe. Honduras sigue destruyendo pistas en la zona de la moskitia cerca de la frontera con Nicaragua, pero no sabemos si estas naves están usando suelo nacional.

Es satisfactorio saber que los carteles han cambiado las rutas de paso por Nicaragua, por ejemplo, la ruta de las avionetas cargadas de cocaína en el Pacífico. El mar Pacífico continúa siendo “la ruta”. La Guardia Costera canadiense capturó 1.3 toneladas de droga frente a las costas centroamericanas esta semana.

A modo de conclusión: Hay una corriente juvenil, fundamentalmente urbana, habitantes del Pacífico (Managua) que está dejando las escuelas para meterse a robar y esto es un problema social y judicial que merece una respuesta nacional.

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