Como ha sido usual, la macroeconomía muy bien, pero muy frágil

Néstor Avendaño,
Economista y presidente de COPADES

A un mes del cierre del año de 2017, el aguinaldo ha impulsado el gasto de consumo de las familias, que seguirá aumentando en diciembre por los préstamos personales y las tarjetas de crédito para consumo. El gasto de consumo de las familias en los últimos dos meses del año debería ser muy bien programado, sin olvidar también el ahorro, para que en 2018 se puedan enfrentar los gastos del año escolar y poder cumplir con las obligaciones financieras adquiridas a finales de este año.

Termina el año de 2017 con una desaceleración del crecimiento económico del país, aunque supera la barrera de 5%, debido principalmente a los aumentos importantes del volumen de bienes exportados y del gasto de inversión fija del sector privado, no obstante que la severa contracción de la liquidez en córdobas observada a lo largo del año, excepto en abril, desaceleró el aumento de la cantidad demandada de bienes y servicios de consumo final.

A pesar de la creciente expectativa inflacionaria en el segundo semestre del año provocada por el alza del precio del barril de crudo WTI, que se situó en US$58.95 al cierre del viernes 24 de noviembre recién pasado, la presión inflacionaria de los precios al consumidor en 2017 se mantiene por debajo de la barrera del 5% debido a la política monetaria contractiva dirigida desde el Banco central de Nicaragua (BCN).

La tasa de desempleo abierto se aproxima al 10% de la población económicamente activa (PEA) y la tasa de desempleo equivalente, resultante de la elevada tasa de subempleo, oscila alrededor del 15% de la PEA. En otras palabras, casi 900 mil personas no generan ingresos en este año.

Los desequilibrios macroeconómicos han disminuido. El déficit fiscal de 1.5% del Producto Interno Bruto (PIB) está influenciado por la desaceleración del crecimiento de la recaudación de impuestos y la caída del gasto de inversión en construcción pública que se observó en los tres primeros trimestres de este año. Por su parte, el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos de 6.5% del PIB pronosticado por COPADES ha sido posible por el valor creciente de las exportaciones domésticas de bienes FOB, el cual aún no se aproxima a los tres millardos de dólares anuales.

La estabilidad macroeconómica ha sido garantizada por el BCN con el costo de la desaceleración del crecimiento económico. Las reservas internacionales brutas en manos del BCN han sido equivalentes, al menos, a 2.5 veces la base monetaria (2.6 veces actualmente) y, al menos, a 4 meses de importaciones de bienes CIF (5 meses actualmente), mediante la contracción del dinero que circula fuera del sistema financiero nacional, es decir, el numerario.

La contracción monetaria 2 mil 933 millones de córdobas al 23 de noviembre de este año ha sido realizada con los únicos dos instrumentos de la regulación de la liquidez en córdobas que posee el BCN: las subastas de Letras, mal llamadas operaciones de mercado abierto porque el 90% de las colocaciones se concentran en plazos de 1 semana, 2 semanas y 1 mes, y el aumento de la tasa de encaje efectiva hasta 25% sobre los depósitos en córdobas que los grupos financieros mantienen en el BCN, la cual es 10 puntos porcentuales superior a la tasa de encaje legal catorcenal y 13 puntos porcentuales mayor que la tasa de encaje legal diaria

Esta política monetaria muy contractiva, mucho más intensa que la observada en 2016, se puede explicar con el desplome de la cooperación petrolera de Venezuela observado en el primer semestre del año en curso, al reducirse a US$21 millones y a 0.1% del PIB pronosticado por COPADES para 2017, que ha dejado sin un escudo protector a las reservas internacionales brutas disponibles en el BCN. Por esta razón, desde enero del año pasado la autoridad monetaria comenzó a disminuir la oferta de dinero, con caídas dramáticas del numerario en mayo y marzo de 2016 y con importantes desaceleraciones del crecimiento del numerario junio y octubre de 2017, con el objetivo de que los agentes económicos demanden menos divisas para importar bienes y servicios y, así, proteger la desprotegida `posición de las reservas internacional y garantizar la estabilidad macroeconómica del país.

La menor disponibilidad de dinero entre la población del país desaceleró el crecimiento del gasto de consumo de las familias, afectó la programación de la producción y la administración de los inventarios en las empresas no financieras, principalmente aquéllas que ofrecen bienes de consumo masivo, tales como alimentos, bebidas, electrodomésticos, telefonía celular y combustibles líquidos, entre otros, y desaceleró el crecimiento económico esperado en el país.

Entramos al año de 2018 con el acoso de seis riesgos a la economía nacional, todos de origen externo pero motivados, en gran parte, por políticas económicas externas y, en parte, por problemas políticos internos. Desde un punto de vista económico, deberíamos prepararnos para lo peor y construir escenarios menos perversos para garantizar el bienestar de la población nicaragüense, pero el problema político interno debería ser resuelto por los políticos nicaragüenses en Managua y no en Washington.

Los formuladores de las políticas económica y social de corto y mediano plazo del país tienen que considerar los efectos de esos riesgos sobre sus proyecciones de la economía nicaragüense. Esos riesgos podrían concentrarse en la reducción de los flujos de recursos externos, la desaceleración del gasto de inversión privada, la disminución de las exportaciones del régimen de zona franca, la desaceleración del crecimiento económico, la salida de capital extranjero, la caída de las reservas internacionales oficiales, el aumento del desempleo y del subempleo, la disminución de los ingresos tributarios y la inestabilidad del córdoba.

 

 

 

 

 

 

 

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