La tasa del impuesto a la renta corporativa en Estados Unidos y Nicaragua

Néstor Avendaño, economista y presidente de COPADES.

En la madrugada del sábado 2 de diciembre, el Senado de Estados Unidos aprobó con varias enmiendas la reforma tributaria de la Administración Trump con 51 votos a favor, de todos los republicanos menos uno -el del senador Bob Corker de Tennessee por la ampliación de los déficit presupuestarios-, y 49 votos en contra -todos los demócratas, que la llamaron un regalo inaceptable para las empresas y los ricos-.

 

Entre las modificaciones más relevantes del código tributario estadounidense aprobadas por el Senado, que aún deben ser reconciliadas con la versión aprobada por la Cámara de Representantes, se distinguen las siguientes: la reducción de la tasa de impuesto sobre la renta de las corporaciones de 35% a 20% a partir de 2018, el establecimiento de la tasa superior del impuesto sobre la renta individual en 39.6% con 4 grupos impositivos, la eliminación de la deducción de gastos médicos y de la exención personal, un crédito tributario por hijos de US$1,600 por niño, la eliminación de la deducción de la tasa de interés del préstamo estudiantil, y la extensión de la exención del impuesto sobre la herencia a US$11 millones con la derogación de este impuesto en 2025.

 

El Presidente Donald Trump ha manifestado que la reducción del 35% al 20% del impuesto sobre la renta corporativa hará que las empresas de Estados Unidos sean más competitivas en el mercado internacional, se crearán más empleos, la economía estadounidense crecerá en una forma sostenida y más rápida, y se generarán más ingresos.

 

Supongamos que esto sea cierto, aún en este momento en que la economía estadounidense está muy cerca del pleno empleo, pero, debido a esa cercanía, esta ley tiene el riesgo que el beneficio económico señalado por el Presidente Donald Trump sea modesto y se desvanezca con el tiempo.

 

Por ese motivo, cabe preguntarnos: ¿Aumentará el déficit del presupuesto federal? ¿Se incrementará la deuda pública en gran forma? ¿Se acelerarán las alzas de la tasa de interés de la Fed debido al creciente déficit? ¿Crecerá el ahorro de los empresarios o la inversión de las corporaciones con la mayor ganancia de los empresarios? ¿Se incrementarán los salarios con el recorte de los impuestos?¿Aumentará más la productividad con la reducción de los impuestos? ¿Generará esta reforma tributaria una mayor inequidad en la distribución del ingreso?

 

La reducción de la tasa tributaria sobre la renta corporativa de 35% a 20% facilitará a las empresas subsidiarias estadounidenses, que están localizadas en el resto del mundo, a repatriar utilidades y capitales acumulados a sus casas matrices en territorio estadounidense, porque la reforma también ha  reestructurado las normas internacionales de impuestos a las empresas. Según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, las empresas estadounidenses mantienen aproximadamente US$3 billones en el extranjero para evitar pagar los impuestos de los Estados Unidos.

 

Los países que tienen necesidad de atraer flujos de inversión extranjera directa (IED), como Nicaragua que ha logrado remontar su tasa de crecimiento económico anual de, al menos, 5% desde hace dos años, gracias a un flujo bruto anual de IED que se aproxima a 1 mil 500 millones de dólares, podrían verse afectados por la reducción de 15 puntos porcentuales de la tasa sobre la renta corporativa estadounidense.

 

Actualmente, en Nicaragua la tasa del impuesto sobre la renta de las actividades económicas es 30%, que es pagada por todas las empresas radicadas en el país excepto las del régimen de zona franca, mientras que en Estados Unidos es 35%.

 

Una empresa subsidiaria estadounidense radicada en Nicaragua está desalentada para repatriar utilidades o capitales acumulados a su casa matriz en Estados Unidos, porque ese flujo de renta corporativa estaría sujeto a una penalidad de 5%, porque la tasa de este impuesto en Estados Unidos es 5 puntos porcentuales mayor que la tasa del impuesto sobre la renta de las actividades económicas en Nicaragua.

 

Por esa razón, las empresas subsidiarias estadounidenses reinvierten, parcial o totalmente, sus utilidades en el país o las envían a otros países donde se encuentran sus direcciones regionales, que, por supuesto, se encuentran en países que tienen una menor tasa tributaria sobre la renta de actividades económicas que la de Nicaragua.

 

Ahora, con la próxima aprobación de la reforma tributaria de Estados Unidos, probablemente antes de que finalice este año, se puede afirmar que la tasa del impuesto sobre la renta de las corporaciones será 10 puntos porcentuales menor en Estados Unidos que en Nicaragua.

 

Este nuevo escenario tributario ya no penaliza la repatriación de capitales de las empresas subsidiaras estadounidenses a su país, sino que la estimula. Por consiguiente, se puede prever que la principal fuente de financiamiento internacional de Nicaragua, como es la inversión extranjera directa, que aún es mayor que el flujo de remesas familiares que arriban al país, tendería a disminuir en el corto plazo y desaceleraría el crecimiento de la economía nicaragüense.

 

El problema económico consistiría en cómo evitar la emigración de utilidades y de capitales de empresas subsidiarias estadounidenses desde Nicaragua a Estados Unidos, o la disminución de nuevas inversiones estadounidenses en el país. La respuesta sería disminuir la tasa de 30% del impuesto sobre la renta de las actividades económicas existente en el país a un nivel inferior al de 20% que pronto se aplicará en Estados Unidos. En el caso de que se mantuviese el diferencial actual de dicha tasa tributaria entre los dos países, la disminución de esta tasa en Nicaragua sería hasta el nivel de 15%, lo cual forzaría la eliminación de exoneraciones en el pago de otros impuestos para impedir un gran aumento del déficit fiscal.

 

Con la Ley de Concertación Tributaria, que está vigente en Nicaragua desde enero de 2013, se aprobó una disminución de la tasa del impuesto sobre la renta de las empresas de 30% a 25%, 1 punto porcentual por año que sería ejecutada entre 2016 y 2020.

 

Esa reforma del impuesto directo a las empresas estaba acompañada de la eliminación de las exoneraciones del impuesto al valor agregado (IVA) sobre las importaciones de materias primas, bienes intermedios, bienes de capital, repuestos, partes y accesorios para la maquinaria y equipos de las actividades agropecuarias y de las MIPYME´s.

 

 

 

La tasa del IVA para dichas importaciones se elevaba desde 0% hasta 15% en un lapso de 5 años, de la siguiente manera: exonerado en los años 1 y 2; 0% en el año 3; 5% en el año 4; 10% en el año 5; y 15% a partir del sexto año. Hasta el año 3 se mantenía la exoneración del IVA.

 

Estas dos reformas no se han implementado en Nicaragua desde el año de 2016. Es bastante probable que el momento de revisarlas y aplicarlas se está acercando.

 

 

 

 

 

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