Otro error táctico

Cuando la Presidencia envió a la Asamblea Nacional un proyecto de ley para declarar patrimonio nacional las festividades de la Purísima, incluyendo la Gritería y el rezo del Novenario, cometió un error táctico. Una equivocación política que agrega un ítem más al creciente ambiente de desconfianza entre la Iglesia y el gobierno.

La historia de los últimos 38 años entre ambas instituciones, gobierno e Iglesia nicaragüense, han tenido muchos momentos de desasosiego. En los años 80, el enfrentamiento fue total, con un Cardenal Miguel Obando y Bravo, en plena juventud, batallando para evitar ser desaparecidos, cooptados o domados por una revolución que pretendía cambiarlo todo. Y se equivocó con la Iglesia.

La tentación de los líderes sandinistas fue, desde entonces, crear una iglesia paralela que dividiera al catolicismo con la “Iglesia Popular” para aislar a la “Iglesia tradicional”. Para entonces, el Papa Juan Pablo II enfrentaba a uno de los desafíos más importantes de su mandato: La Teología de la Liberación.

La dirección sandinista se apuntó al desafío y elevó a cargos administrativos de primer orden a sacerdotes, llamados “revolucionarios”, y rápidamente construyó una acera enfrente de la Iglesia dirigida por el Cardenal Obando.

El Papa Juan Pablo II, hoy santo, se involucró por completo en el conflicto y en 1983 ocurrió el primero y más duro encontronazo que pudo haber deseado la Dirección Nacional del FSLN. El Santo Padre llegó en marzo a Managua y fue irrespetado, en el momento más sublime de la comunión con Dios y Jesucristo: la misa. Un errorazo de primera magnitud que no han podido hacer olvidar, y que creo ya no será posible.

Lección no aprendida

La furia con que el sandinismo trató a la Iglesia fue inaudita para un pueblo altamente católico: Tomar a Monseñor Vega, sacarlo de su casa, montarlo en un helicóptero y ponerlo descalzo en la frontera  con Honduras –Las Manos– fue una de las barbaridades imperdonables. Y lo irónico y risible es cómo -los sandinistas- se quejaron de la forma en que el Ejército de Honduras agarró a Mel Zelaya y le hizo algo parecido.

Y hubo tantas cosas que solo el perdón y el arrepentimiento han podido superar esos dolorosos y trágicos momentos. Pero no fue todo. En los años 90, células sandinistas colocaron bombas en las iglesias sobre todo previo a la segunda visita del Papa Juan Pablo II  en febrero 1996,  y más recientemente han ocurrido muertes de sacerdotes cuya explicación oficial no fue tragada por los católicos, ni por la sociedad en general.

Es larga la historia de choques entre la Iglesia y el FSLN, y mi propósito no es agitar aguas que ya están tranquilas, sino que recordar que iniciativas como la de la ley para declarar a la Purísima, patrimonio cultural de la nación, no abonan a dejar los desencuentros en el pasado.

¿Qué buscaban?

Los obispos han endurecido su discurso contra el gobierno y no creo que tenga que ver con la salida del Nuncio Fortunatus Nwachukwu, quien pasado mañana deja Managua para poner rumbo a su nueva misión diplomática, o deseos de protagonismo. La demolición de las instituciones, la construcción de un poder omnímodo, la sucesión familiar, la destrucción del edificio democrático apenas comenzado a hacerse, entre otros factores, han obligado a los obispos a retomar el liderazgo de los años 80. La Iglesia ha sido así y continuará siéndolo por miles de años más.

Volviendo al tema, la Presidencia envió el proyecto a la Asamblea Nacional, sin anunciarlo a la opinión pública, sin consultarlo con la Conferencia Episcopal, pidiendo un trámite de urgencia para que su aplanadora la aprobara hoy, antes del 7 de diciembre.

¿Cuál es el interés del gobierno en declarar patrimonio nacional algo que ya lo es? Las festividades a la Virgen Purísima Concepción de María es un patrimonio universal de los católicos. Muchísimos países e instituciones tienen a la Inmaculada y Purísima como su patrona. Lo es de Estados Unidos y de Nicaragua, Perú, Guatemala, Paraguay, Panamá celebran el 8 de diciembre con el mismo fervor que los nicaragüenses.

Lujo vergonzoso

La Iglesia no está conforme con los lujosos altares de la Avenida Bolívar, y no de ahora, sino que desde los años 80. Lo consideran una manipulación política.

La sección Sedita Room informó esta semana que la Cancillería no estuvo satisfecha con el altar que les construyó una empresa seleccionada para este fin y ordenó mejorarlo. El presupuesto inicial de $83,000 dólares pasó a ser de $120,000 mil para incorporarle un juego de fuentes de agua sumamente lujoso.

¿Necesitan los católicos de semejante lujo para rendirle tributo a la virgen? Por supuesto que no. Los que necesitan ese dinero para mejorar sus condiciones son los pobres y marginados del país. Con 120 mil dólares pueden construirse diez casitas para el pueblo de $12,000 cada una.

Y por la víspera se saca el día, si la Cancillería tiene tanto presupuesto para un altar de lujo, podríamos deducir, sin temor a equivocarnos, que todo lo que veremos en la Bolívar representa un gasto oficial de millones de dólares.

Por eso, el gobierno debe abandonar sus pretensiones de aprovechar la simbología y las tradiciones religiosas para mejorar su imagen. Lo que hasta ahora le ha dado mucho rédito político es hacer obras sociales, pero disputar los símbolos al catolicismo no es un camino recomendable.

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