Consecuencias del juego político

La mayoría de la oposición venezolana -con la excepción de Copei y dos pequeños partidos más- no fueron a las elecciones de este domingo en el país sudamericano y el PSUV de Nicolás Maduro se quedó con todas las alcaldías.

Lo ocurrido ayer se parece mucho a lo que hemos visto en otros países de América Latina, incluido Nicaragua, en donde dictadores en potencia usaron a la democracia para subir al poder, pervirtieron luego el sistema, lo adaptaron a sus planes y ahora solo hay un camino para cambiar lo hecho.

Venezuela constituía el “modelo” a seguir para otras naciones. Una mezcla de líderes fuertes más partidos con arrastre popular, con experiencia, comenzaron a dar una dura batalla contra el chavismo.

Las ambiciones personales, las estrategias extremas y los errores comenzaron a minar la capacidad de convocatoria y el liderazgo obtenido en todos los terrenos. Un joven político opositor, Leopoldo López, rompió el esquema de lucha pacífica, democrática y electoral. Propuso enfrentarse en las calles y durante meses, el mundo quedó “maravillado” por las escenas heroicas vistas en las redes sociales y los medios informativos.

Las elecciones de ayer en Venezuela, para elegir a 335 alcaldes, irónicamente se parecen mucho a las que tuvimos en Nicaragua.

Un año después, la estrategia de López hundió a la oposición en un mar de contradicciones que correspondió, paradójicamente, con el momento más débil de la dictadura madurista.

Es difícil decir si Leopoldo López es responsable de la tragedia que vive el movimiento opositor venezolano, pero es evidente que el enfrentamiento violento en las calles no produjo el resultado esperando.

Tampoco puede decirse que el régimen de Maduro está hoy mejor que hace un año, pero es evidente que, al evaluar fríamente a los dos sectores, no hay duda de que la oposición ha retrocedido más. El gobierno venezolano sufre de un deterioro interno y externo irreversible, aunque es difícil saber cómo y cuándo se producirá el resultado esperado.

En el plano general, Estados Unidos y Europa, como los grandes promotores de la democracia a nivel mundial, están priorizando el enfrentamiento contra Maduro, a quien han aplicado progresivas sanciones que están haciendo mella al chavismo.

Las elecciones de ayer

Las elecciones de ayer en Venezuela, para elegir a 335 alcaldes, irónicamente se parecen mucho a las que tuvimos en Nicaragua el pasado 5 de noviembre.

La apatía reinó los comicios “con centros de votación semivacíos, lo que alentaba la posibilidad de un triunfo para el presidente Nicolás Maduro”, reportó la agencia Efe.

“Sin ambiente electoral, las filas cortas eran el común denominador en colegios de Caracas y ciudades como San Cristóbal (en el oeste), donde en cambio se mantenían las habituales colas de vehículos para cargar gasolina”, agrega la agencia.

A diferencia de Venezuela, los nicaragüenses tenemos acceso a lo que les hace falta a los venezolanos.

La agencia recoge la declaración de una anciana, Carmen León de 78 años, de Chacao, quien le dijo al corresponsal después de sufragar: “No votar es un error, en vez de ir para adelante, vamos para atrás como los cangrejos”, dijo.

El camino

¿Es el voto la solución para combatir a los regímenes antidemocráticos de América Latina? ¿Es la violencia armada? ¿La resistencia pacífica? Lo que el momento denota es que hay dos Américas latinas, una de las cuales apuesta por la democracia en momentos en que movimientos y partidos conservadores ascienden a las presidencias y traen consigo procesos de retrocesos que escandalizan al mundo civilizado.

El debate está en el seno de la sociedad nicaragüense, hoy mismo es de lo que hablamos en todos los ámbitos, ¿cuál es el camino para recuperar la democracia en Nicaragua? A diferencias de otros países que no vivieron revoluciones ni guerras civiles, los nicaragüenses no queremos guerra.

Rechazamos per se el uso de las armas y otros mecanismos similares para derrocar o subir gobiernos. La sociedad, en general, ha decidido ensimismarse como un mecanismo de protección para evitar los caminos escabrosos de la violencia. Sin embargo, lo dijo Fidel Castro en Managua, en 1980, “los pueblos son como volcanes, explotan solos”.

Nuestro propio camino

Algunas de las sociedades del continente americano -incluyendo la nicaragüense- han dado demostraciones de progreso político y social. Las fuerzas de izquierda son parte de la vida de nuestras naciones, dejando atrás las épocas en que ser “sandinocomunista” era sinónimo de terrorismo al que debía acabarse a balazos.

Pero, hoy las fuerzas de izquierda en el poder, aunque no en todas las naciones, han lanzado “cruzadas” para terminar con la llamada “derecha” y la democracia en términos formales y reales.

Los gobiernos de Lula-Roussef se diferencia y mucho al de Maduro. El de los Kirchner no se asemejan a los de Evo Morales o Rafael Correa. El de Daniel Ortega tiene características particulares, pero sigue procurando acabar con la democracia tal y como la conocemos aunque su economía sea opuesta al fracaso venezolano.

¿Cuál es el camino? Es la pregunta que no pudimos responder, en los hechos concretos, en el 2017.

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