Las circunstancias

Tapar el sol con un dedo, aquí y en la Conchinchina, es una actitud que busca el engaño. Insistir en ello es una necedad. De allí que la sociedad estadounidense se llevó una gran sorpresa, la noche del martes, cuando el candidato demócrata al escaño vacío de Alabama en el Senado de Estados Unidos, Doug Jones, ganó por un estrechísimo margen en un estado republicano desde hace un cuarto de siglo.

Como dice el presidente Donald Trump “una victoria es una victoria” o sea “una derrota es una derrota”. Una vez que todos, menos el cuestionado juez conservador, Roy Moore, candidato de Trump y del Partido Republicano, aceptara la derrota (con el 99% de los votos contados) en los platós de las televisoras estadounidenses aparecieron los analistas políticos y, al estilo de la TV de EEUU fueron uno de cada lado, es decir, de cada partido en la contienda.

El republicano invitado por CNN dijo que no pasaba nada, que el candidato estaba liquidado antes de la elección y que era un “incidente” sin consecuencias para su partido y el gobierno de Estados Unidos.

El compareciente demócrata le dio una dimensión mucho más trascendental por su efecto sobre el espíritu de los republicanos y la administración Trump. Mencionó que era una derrota contundente porque el mandatario había apoyado a Moore con todo, pese al escándalo que lo envolvía. Agregó que era una silla más en el Senado para los demócratas que estrechaban la diferencia (ahora queda 51 a 49, con ventaja republicana) y que Trump había perdido una batalla que le dificultaba más el futuro de los proyectos que pasan por las manos del legislativo.

Mal perdedor

El presidente de Estados Unidos se sacudió inmediatamente del errorazo y culpó a otros por su derrota. “Roy se esforzó, pero tenía todas las probabilidades en contra”, escribió en su pizarra de Twitter. “¡Yo tenía razón!”, agregó.

Por supuesto, el coro de las redes sociales en donde tiene perdido el juego le cayó a palos calificándolo de mal perdedor y desacertado. Trump estaba imparable: “dije que Roy Moore no podrá ganar la Elección General”.

Aunque hay razones de uno u otro lado vuelvo a la afirmación “una victoria es una victoria”, lo que significa que no es retirándose de las luchas que estas se ganan. El “forfeit” no existe en la política, salvo para los perdedores.

Vamos a lo nuestro

Dejemos a un lado la política estadounidense, aunque hay algo entre líneas para Nicaragua: ¿quién de ustedes cree que los senadores están pensando en Nica Act a 10 días de la Navidad? Daniel Ortega y otros aun no pueden respirar hondo mientras el Senado no cierre sus puertas o el reloj suene las 12 campanadas en la noche del 31 de diciembre. Bueno, así es la política.

Pero, en un mes las puertas de la cámara alta volverán a abrirse y la agenda será retomada. Nicaragua no está en la agenda de los senadores y mientras el Departamento de Estado esté patas para arriba, no hay quién elabore una estrategia contra Daniel Ortega.

Ojo, que la placidez con que algunos ven la política de EEUU -aunque tengan razón- no puede medirse con los timing y los procesos del pasado. Donald Trump ha dado un golpe en la mesa y está tratando, aunque no ha podido de mandar al famoso establishment al carajo ni sacudirse de las tradiciones que han hecho tan compleja la política de Estados Unidos.

Dormir con un ojo abierto

Es incierto lo que podría ocurrir, aunque no tengo elementos para asegurarlo un ciento por ciento, con la petición de un grupo de senadores y congresistas republicanos y demócratas, a Trump, para que dos de los principales ayudantes y aliados de Ortega, Francisco López y Roberto Rivas Reyes, sean sancionados con la ley Magnitsky.

¿Por qué lo haría Trump si no se lleva bien con Ileana Ros-Lehtinen? Esto es cierto, pero hay otros firmantes de la petición con los que se lleva muy bien y a los que le conviene complacer, sobre todo ahora que la cámara está casi empatada. Un solo senador que vuele del nido republicano y el juego se empataría a 50 por bando.

De allí que, dependiendo de quién lo pida y las circunstancias de una coyuntura política rara y compleja, es que Trump podría acceder a semejante petición. Así como andan las cosas, con Honduras en la cuerda floja, con Maduro consolidado, aunque gobernando un país en ruinas, con Evo Morales afianzándose en la presidencia, es que cualquier cosa puede pasar.

Ortega y Gasset

Lo cierto es que Nicaragua no es ahora el hierro caliente de Trump, más preocupado por saber cuál es el siguiente paso para dar con Corea del Norte, como seguir el “baile” de poder con China y hacer el control de daños del “Jerusalenzazo” que dio hace unos días.

Y por aquello de que en la política no hay que dormirse, el consejo para los que están preocupados por la carta de Ros-Lehtinen y los bandazos de Trump, es que deben acostarse con un ojo cerrado y otro abierto. Por lo demás, les aseguro que el titular a ocho columnas -como se dice- y en altura de media página de portada ya está hecho en La Prensa a la espera del anuncio oficial.

¿Es subjetivismo? Por supuesto, ya lo dijo el español José Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo».

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