La tormenta “perfecta”

Cuando le pregunto a sandinistas y liberales, a empresarios y activistas civiles, de qué está hablando la gente, la respuesta es la misma: las especulaciones de quiénes serán los próximos sancionados por Estados Unidos.

Hace 10 años recuerdo que fui invitado a un almuerzo, de uno al que no había asistido en muchísimo tiempo, en los días previos a la toma de posesión de Daniel Ortega, con un invitado especial, el embajador de los Estados Unidos.

El tema era natural y hasta obvio del momento político que vivía el país, la tensión, como diría Edgard Tijerino, podía cortarse en el aire como a la mantequilla suave. El déjà vu dominaba las pláticas, los empresarios presentes en el reservado de Los Ranchos tenían la misma inquietud de millones de personas: ¿cómo vendrá Daniel Ortega? ¿qué tendrá planeado contra los empresarios? Y hasta alguno preguntó “¿cuánto cree que durará antes de que lo expulsen?”, dirigiéndose al diplomático.

El marco general del encuentro era en realidad sondear qué tipo de protección le daría Estados Unidos a Nicaragua, a los empresarios, si Ortega comenzaba a “cortar cabezas”. Todos estaban pidiendo la protección del “Gran Hermano”, que fuera el muro de contención contra los temores por el huracán que asomaba en el horizonte.

No tengo que repetirles la historia porque la conocen muy bien. Primero, Ortega fue en sentido contrario, tejió una poderosa alianza con los empresarios que le dio estabilidad al país, y a los negocios de ambos; segundo, si usó la represión, todo el poder del estado, en contra de aquellos (políticos, dirigentes sociales, religiosos, extranjeros, etcétera) y aun empresarios que no se sumaron o  no cooperaron en la nueva alianza o que pretendieron jugar a la oposición; tercero, sacó de la chistera un proyecto no imaginado por la sociedad y que todos pensamos no se repetiría jamás.

Otro ambiente

Lo que les quiero decir, en resumen, es que hace diez años, sectores importantes del país volvían sus ojos a los Estados Unidos para enfrentar sus temores por el retiro del sandinismo, como ha ocurrido en cada conflicto interno de Nicaragua desde hace más de 150 años de vida independiente.

Hoy es al revés, los empresarios (además de los funcionarios de los poderes del estado) temen a las decisiones de Estados Unidos, aunque sabemos que estas no serán masivas.

Que los políticos de izquierda -léase FSLN- reciban sanciones de EEUU (suspensión de los visados, marginación de sus eventos, vigilancia de sus movimientos internacionales, rechazo claro y público a sus actividades) no es nuevo. De Daniel Ortega para abajo hay aún muchos e importantes dirigentes sandinistas que no pueden entrar a ese país.

Pero, las diferentes acciones de Estados Unidos contra el liderazgo rojinegro no impidieron el retorno del sandinismo al poder.

Que los liberales demócratas hayan sido castigados con la misma receta tampoco ha impedido que sigan siendo protagonistas de la vida política del país. El tipo de sanciones usadas hasta ahora contra la clase política ha tenido dudosas consecuencias, creo que solo agravaron más los problemas que pretendían “resolver”.

Más letal

Lo que está usándose ahora en contra de los adversarios estadounidenses en América Latina es más letal en muchos aspectos, pero no tanto como una bala, y habría que ver, al cabo de un tiempo, si han sido efectivas. Y lo digo porque hay un antecedente más poderoso de que este no es el camino para salir de un régimen político determinado: Cuba y el bloqueo económico de 59 años.

El diálogo, la negociación y la tolerancia han resultado más efectivos para Estados Unidos en muchas situaciones históricas que el derrocamiento de un régimen. Saltando el “parche” hondureño de hace nueve años (el golpe a Mel Zelaya), los derrocamientos y las invasiones no están de moda, aunque tampoco no están en desuso. Estas siguen siendo armas de un arsenal que toma otras “formas” de tiempo en tiempo.

Después de todo, las luchas políticas entre naciones, grupos, partidos, tribus, etcétera, no ha cambiado, desde mucho antes de que el militar y filósofo chino Tsun Zu redactara en un libro los consejos generales de cómo ganar un conflicto armado, entre ellos: “El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar”.

El daño puede ser peor

La política de sancionar a los que se “portan mal” ha tenido, repito, resultados paradójicos como acarrearle más adversarios a Estados Unidos, sin embargo, otra cosa es golpear a un empresario.

Cuando se le quita la visa a un inversionista, se le congelan las cuentas en bancos de Estados Unidos, se le impide hacer negocios con ese país, se le expone al cierre de su empresa, a mandar a la calle a sus empleados y a dejar de contribuir al país.

En este tipo de guerra no existen los daños colaterales y “necesarios” porque el desempleo de un o una cabeza de familia no se arregla cuando hay un ambiente de incertidumbre.

Una vez que atemoricen a los empresarios nicaragüenses y aún a muchos extranjeros que se llevan bien con el régimen de Ortega ¿cuántos creen que el régimen sandinista se desplomará solo?

Eso lo logró una guerra costosísima en vidas humanas y en dinero que llevó a la ruina al país en los años 80. Volver a este camino no está en discusión, aunque sí podrían causarle tanto daño a la economía como volver al pasado y perder otra década más.

2 comentarios sobre “La tormenta “perfecta”

  • el 10/01/2018 a las 10:12 am
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    En defensa de Ortega, muchos lo quieren proyectar como un dictador bueno en comparacion con Somoza q era un dictador malo. Ej. Dicen q no tiene presos politicos, pero ya sabemos q o los persigue economicamente o los manda a matar si fueron excontras. Tambien dicen q esta manejando bien la macroeconomia. Irresponsable seria de manejarla mal, pues en el primer fraude de 2007, la recibio de bolaños con buenos numeros. Ademas, si por manejarla bien permitimos q sea dictador, fraudulento y corrupto, entonces de q sirvio el sacrificio de miles de muertos y miseria economica para sacar a Somoza por las mismas causas?. Recordemos q en tiempos de Somoza, se tenia la mejor economia de C.A. y seguiriamos siendolo si hubieramos precionado civicamente y q no hubiera fraudes, sin nececidad de la guerra inutil en que nos metieron los Sandinistas comunistas de esos tiempos.

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  • el 09/01/2018 a las 2:49 pm
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    Lo cierto es que con el problema interno que afronta el gobierno de Donald Trump, en donde a diario tiene que sortear infinad de problemas, debido a su falta de buen juicio, es dudoso pensar en que le dedique tiempo a los problemas políticos de pequeños países como Nicaragua. Además, no hay que descartar un viraje positivo de Daniel Ortega y su Sra. pues por mucho que se les critique, de lo que menos tienen es de tontos. Hace algun tiempo dije en un comentario, que el error más grande de quienes adverzan a Ortega, es pensar negativamente de su astucia, y que eran más tontos los que habían caido entre sus redes. Hoy repito lo mismo, con un giro de timón Ortega puede apaciguar ese conato de incendio sin mayores consecuencias. A su favor tiene a la Empresa Privada y muchos sectores de la vida nacional que se han desarrollado positivamente. Los números no mienten

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