Países de…

Si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, piensa que El Salvador es un “país de mierda” seguramente pensará lo mismo de Nicaragua, que, al igual que los vecinos centroamericanos ya nos suspendido el TPS.

Primero, Trump canceló el programa a los nicas y a los haitianos, luego lo hizo con algunos africanos, y esta semana fue a los salvadoreños. El volumen de los afectados es distinto. Según diversas fuentes 250 mil salvadoreños han quedado expuestos a la deportación mientras que 2,500 saldrán por el lado de Nicaragua.

La arrogancia del mandatario estadounidense es enorme, tanto que mandó al… carajo… al grupo de congresistas que llegó a la Casa Blanca a pedirle clemencia para estas poblaciones.

Los devolvió con las manos vacías y asustados por su vocabulario y la manera en cómo se refirió a miles de seres humanos.

Y aunque no nos llamó por nuestro nombre, repito, estamos en la misma categoría que los salvadoreños por tanto también somos un país “shithole”.

¿Quién habla por Nicaragua?

Lo llamativo en este episodio es que la delegación del Congreso que fue a ver a Trump lo hizo por una variedad de nacionalidades y grupos que van desde los Dreamers hasta los salvadoreños y haitianos.

El presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos pronunció el miércoles un discurso en el que truena contra la decisión que afecta a los salvadoreños y a los Dreamers porque van a reducir enormemente la oferta de mano de obra en ese país.

Un especialista citado por The New York Times (ver página 14 de esta edición) dijo que ni un solo norteamericano va a hacer los trabajos que los salvadoreños, haitianos, africanos o inclusive los Dreamers o los DACA están haciendo ahora en ese país.

Y vean la diferencia, cuando Trump suspendió el TPS para los nicaragüenses nadie habló por ellos en la Casa Blanca. Al contrario, hubo voces en Managua que dijeron que no habría una sola afectación a la economía del país.

Si uno de cada dos de los 2,500 nicas tepesianos dejan de enviar remesas al país ($300 mensuales en promedio) hablamos de 300 mil a 500 mil. Y si esa cifra no es importante díganme qué lo es.

¿Por qué no proteger a los niños? 

Cuántas veces hemos leído en Facebook, y otras redes sociales, o en los diarios, relatos sobre muchachas y muchachos que hacen gala de su potencia juvenil tomando licor combinado con las llamadas bebidas energizantes. Muchas veces y probablemente hasta han sido testigo de la “moda” entre los chavalos por demostrar su “hombría” o “capacidad” en el consumo de licor.

Las escuelas son escenarios de situaciones como estas como lo han publicado los noticieros sensacionalistas de la televisión cuando reportan el incremento del consumo de licor entre escolares de primaria y secundaria. El daño ocurre todos los días porque no hay control del Ministerio de Salud y de ninguna entidad.

Entonces, ¿por qué descartar el proyecto de ley elaborado por un diputado y médico solo porque es liberal? Al menos habría sido sano discutirlo antes de descartarlo por razones políticas o por la complicidad con los importadores de este tipo de bebidas.

El daño que este tipo de bebidas causan en los jóvenes ya comenzó, el problema está allí y se ha perdido una oportunidad para hacer conciencia ciudadana.

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