FAO propone diálogo multisectorial en Nicaragua

  • “Hoy, más que nunca, alcanzar la reducción de la pobreza o lograr el Hambre Cero pasa por diferentes sectores”

Entrevista con Iván Felipe León Ayala, recién nombrado Representante de la FAO en Nicaragua.

Usted pasa a coordinar la oficina en Nicaragua, que tiene como prioridades según el Marco de Programa del País de la FAO, la seguridad alimentaria, la agricultura familiar y la resiliencia al clima. ¿Cómo ve su incorporación al puesto, y cuáles son las principales líneas de trabajo más inmediatas a desarrollar?

Creo que Nicaragua ha venido presentando un crecimiento importante en su economía, evidenciando que es un país con amplias oportunidades para generar desarrollo de una manera sostenible. Pienso que ahora las prioridades deben están centradas en acompañar al gobierno en la estructuración de un diálogo intersectorial que permita el desarrollo de políticas de largo aliento. Que toquen diferentes esferas de la economía de acuerdo a los planteamientos que ha hecho el gobierno con su plan nacional de desarrollo. Definitivamente allí hay dos puntos de vista: uno es la promoción de las inversiones de gran escala, que permitan generar un incremento del impacto de las políticas que se han venido desarrollando. El segundo es trabajar específicamente en el marco del Corredor Seco Centroamericano, que sin duda plantea unos retos internos importantes para alcanzar un desarrollo en las condiciones sociales, económicas, ambientales de ese territorio en particular. A fin de cuentas, en la medida en que podamos alinear bien nuestra estrategia con la estrategia del gobierno, vamos a poder generar un escalamiento de las políticas.

Usted ha sido parte del proyecto de FAO Colombia, ¿ve paralelismos entre ambos países?

Sí, yo creo que hay varios puntos en común. Ambos son países latinoamericanos, Nicaragua pasó por un proceso de conflicto, luego alcanzó un proceso de paz, y ha venido consolidando una paz con justicia social. Colombia en este momento está avanzando en ese sentido, y ahí hay muchas lecciones y puntos de encuentro que se pueden compartir. El programa en Colombia es un programa que tiene unas esferas amplias de trabajo, no trabaja solamente con el sector agropecuario: también lo hace con el sector forestal, con el tema de tierras, con el sector económico, de protección social… Yo creo que trabajar con diferentes sectores puede ser un buen reflejo del potencial de trabajo que tenga la FAO en Nicaragua. Debemos reconocer que hoy, más que nunca, en Latinoamérica y en el mundo, alcanzar la reducción de la pobreza o lograr el Hambre Cero pasa por diferentes sectores, no sólo el agropecuario. De hecho, creo que ya se han llevado a cabo varias iniciativas con el sector agropecuario, y ahora toca trabajar más con otros sectores de la economía, de la protección social, del medio ambiente… Creo que ese trabajo se hizo en Colombia y espero que en Nicaragua también podamos avanzar en ese sentido.

Iván Felipe León Ayala, Embajador de la FAO en Nicaragua.

Colombia ha afrontado en los últimos años un buen número de retos y cambios sociopolíticos que han impactado de una forma determinante el agro y el desarrollo rural. En ese sentido, ¿cuál es su percepción de la situación actual en el país?

Pienso que Colombia ha hecho unos esfuerzos importantes para superar ciertos indicadores que han sido consecuencia del conflicto. Hoy el hambre o la pobreza en el ámbito rural en Colombia son consecuencia de un conflicto que ha durado más de 50 años, un conflicto que ha generado (dentro de su estructura propia de conflicto), algunos desafíos como el cultivo de plantas de uso ilícito o la minería ilegal. Hay que ir avanzando para generar alternativas de desarrollo dentro del ámbito de la legalidad y que sean sostenibles. Yo creo que se están generando condiciones cada vez más adecuadas para eso, para generar inversiones, para el desarrollo de políticas intersectoriales, para una presencia estatal más continua en esas áreas donde antes se presentaba el conflicto… Sin embargo, es importante que veamos que esto es un camino que hay que recorrer. El conflicto duró 50 años, así que seguramente nos va a tomar unos buenos años recomponer esas áreas. Además, en la medida que vayamos avanzando, o que el país vaya avanzando hacia la consolidación de la paz, se debe lograr un gran consenso en la sociedad colombiana. La paz no es sólo del gobierno ni de los actores que ocasionan el conflicto. La paz debe ser un compromiso de toda la sociedad colombiana y creo que eso requiere avanzar en esa cultura, generar una mayor identidad con el proceso de paz… La guerra fue de los actores, la paz es de todos. Y creo que allí, en este momento, hay buenas condiciones para eso, aunque será un camino que habrá que construir paso a paso.

¿Podría hablarnos del papel que ha jugado el trabajo de la FAO, y en particular en inversiones para el desarrollo territorial, y para la construcción del proceso de paz?

Sí, claro. Lo primero que hay que decir es que como FAO el papel que hemos jugado lo hemos jugado gracias a que el gobierno así lo ha considerado. Desde hace muchos años hemos trabajado en programas de desarrollo rural, de reducción de pobreza, de generación de empleo, de gobernanza de los recursos naturales. Sin embargo, en esta fase de los acuerdos se toman algunas lecciones de ese trabajo de la FAO directamente en el territorio, de conocer esas realidades territoriales, cuáles han sido sus potencialidades y limitaciones, cuáles sus dificultades… Y a través de ellos se han estructurado ciertos programas que han desarrollado experiencias que han derivado en política pública. Para mencionar alguno, lo relacionado con la coordinación intersectorial de la política de seguridad alimentaria tradicional es un trabajo que ha acompañado la FAO. También los temas de manejo forestal y de la política de reducción de la deforestación y la degradación, los temas asociados a la política de tierras, o al emprendimiento rural para la agricultura familiar… son temas que se han venido trabajando en la última década y que recobran mucha fuerza en el marco del proceso de paz. Elementos que en este momento se están implementando en diferentes proyectos o programas, que justamente lo que buscan es acompañar la implementación de los acuerdos de paz.

Y desde el punto de vista del rol un poco más político, en este momento la FAO es uno de los acompañantes internacionales a la implementación del acuerdo de paz, y ese es un rol en el cual hemos asumido la secretaria técnica, un rol que cumplimos como acompañantes con otras tres entidades: la Unión Europea, la Vía Campesina, y el PNUD.

Con la perspectiva de alguien que ha trabajado en distintos países de la región, ¿cuáles son, desde su punto de vista, los pasos que debería dar la FAO para reforzar su impacto en América Latina y el Caribe?

América Latina y el Caribe tiene tres retos muy importantes por superar. Uno es la obesidad. La obesidad se ha vuelto uno de los temas que más muertes está ocasionando en América Latina y el Caribe, generando importantes costos del sector público en términos de salud y condicionando la capacidad de desarrollo de los países. Hoy ya no solo hablamos de desnutrición, sino de malnutrición, obesidad, y hambre como tal. América Latina y el Caribe presenta unos índices de obesidad muy altos, y hay que trabajar. Ese es también el reflejo de unos sistemas agroalimentarios con amplias oportunidades de mejora en cuanto a su eficiencia, calidad, y capacidad para ofrecer una gama de productos alimentarios saludables, que permitan el desarrollo de la sociedad -sin entrar en el padecimiento de enfermedades derivadas de la obesidad.

El segundo tema es el de la desigualdad. América Latina y el Caribe tiene todavía índices de desigualdad muy grandes en términos generacionales, o de diferencias entre hombres y mujeres. Creo que la FAO debe contribuir a disminuir los índices de desigualdad en América Latina y el Caribe en temas como el acceso a la tierra, el acceso a bienes y servicios públicos, favoreciendo esquemas articulados de protección social que permitan garantizar que los ciudadanos de menores ingresos tengan acceso a un sistema de garantías sociales.

Por último, hay que mencionar la participación de la sociedad civil, y el desarrollo de capacidades en las sociedades para poder regular los esquemas políticos y públicos. Es muy importante. Hay aún altos índices de corrupción en América Latina y el Caribe, y yo creo que ahí hay un rol donde la FAO puede contribuir a la capacidad de los diferentes actores para poder participar en un diálogo de políticas públicas, de estructuración de las mismas, y generar un sistema de garantías que permitan focalizar las inversiones públicas de manera más transparente. Fuente: FAO..

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